La dermatitis atópica no espera: cuando la plata decide si se sigue el tratamiento o se aprende a convivir con la picazón
Un relevamiento nacional de AEPSO revela que casi la mitad de los pacientes con dermatitis atópica tuvo que postergar consultas, recortar medicamentos o directamente dejar de comprarlos por motivos económicos. Especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y el acompañamiento sostenido son claves, aunque cada vez más lejos del alcance del bolsillo.
Son las tres de la tarde y el consultorio todavía espera. Hay madres que llegan con chicos que se rascaron toda la noche, padres que ya no saben qué crema comprar y adultos que confiesan, bajando la voz, que dejaron la consulta para el mes que viene porque este mes la plata no alcanza. Esa escena, que se repite en hospitales públicos y consultorios privados de todo el país, resume lo que cuenta un relevamiento reciente de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis: la dermatitis atópica, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que no tiene cura pero sí puede controlarse, se está convirtiendo para muchas familias argentinas en un lujo que se posterga mes tras mes.
La dermatitis atópica es mucho más que una piel seca o una alergia pasajera. Su síntoma más incapacitante es la picazón persistente, que no da tregua ni de día ni de noche. Afecta al menos al diez por ciento de los niños y adolescentes en Argentina, suele aparecer en la primera infancia aunque puede debutar a cualquier edad y, en alrededor de tres de cada diez casos, se queda hasta la adultez. Las lesiones se ven en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y en zonas de brazos y piernas, y la enfermedad avanza con una lógica cruel: alterna brotes intensos con períodos de remisión que dan una falsa sensación de alivio y hacen que muchos pacientes abandonen los controles justo cuando más falta hacen.
Lo que dice la encuesta
- El 48,5 por ciento de los pacientes y cuidadores consultados postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos.
- El 44,8 por ciento tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados.
- El 37,3 por ciento directamente redujo o dejó de comprar esos medicamentos por falta de recursos.
- Cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por las mismas razones económicas.
- El 63,4 por ciento reportó alteraciones en la calidad del sueño.
- El 61,9 por ciento debió modificar su rutina diaria.
- El 56,7 por ciento consideró que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales.
Los números, fríos sobre el papel, traducen noches en vela y mornings en los que cuesta levantarse de la cama. Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO, lo describe sin rodeos: "El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas". La frase, escuchada en tantas reuniones de pacientes, tiene además un correlato clínico que los médicos repiten en cada congreso: quienes sufren picazón crónica e intensa tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de posibilidades de atravesar un cuadro de ansiedad, una combinación que se suma a la enfermedad de base y que muchas veces se trata en paralelo o, peor, se deja pasar por alto.
“Este enfoque posibilita la implementación de un tratamiento personalizado, ajustado a la edad, la gravedad y la realidad de cada paciente.”Paula Luna, especialista en Dermatología Pediátrica y presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología
El mensaje de los especialistas es claro y se repite en cada jornada de actualización: el diagnóstico temprano y el seguimiento continuo son la diferencia entre una piel que se defiende y una piel que se rinde. Empezar a tiempo permite ajustar el tratamiento a las características de cada paciente, evitar que los brotes se vuelvan más severos y, sobre todo, mejorar la calidad de vida antes de que la enfermedad grabe a fuego la rutina familiar. El problema, como muestran los datos de AEPSO, es que sostener el tratamiento en el tiempo se transformó en el principal obstáculo para buena parte de los argentinos con dermatitis atópica, un cuadro que no entiende de crisis económicas pero que, en la práctica, termina siendo interrumpido por ellas. Mientras tanto, en aquel consultorio que espera desde las tres de la tarde, las cremas se racionan, las consultas se postergan y la picazón, esa visitante indeseada que nunca avisa cuándo llega, sigue haciendo de las suyas.
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