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DOM, 04 OCT 2026
Entretenimiento

Fito Páez frenó su propio show en Mar del Plata para defender a un público que, según él, estaba siendo apretado por la seguridad

El cantante rosarino paró el recital en el Polideportivo Islas Malvinas, les gritó a los efectivos que no podían tocar a la gente y volvió a ratificar todo desde sus redes. La producción reconoció que hubo indicaciones confusas y las corrigió en vivo.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Fito Páez frenó su propio show en Mar del Plata para defender a un público que, según él, estaba siendo apretado por la seguridad

Lo que pasó el otroche en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata fue una de esas escenas que se repiten cada vez más seguido en los recitales con plateas numeradas: alguien se para, alguien se queja, alguien empuja y la seguridad termina quedando en el ojo de la tormenta. Esta vez el que paró la pelota, literalmente, fue Fito Páez, que dejó el piano, se asomó al micrófono y se plantó en medio del show para pedirles a los efectivos que dejaran de apretar a la gente. La imagen, según me la contaron varios de los que estaban ahí, fue la de un estadio entero conteniendo la respiración mientras el rosarino, micrófono en mano, les marcaba la cancha a los uniformados.

Lo que dijo Fito y por qué lo dijo

El cantante había arrancado su presentación con la energía que le conocemos desde hace décadas, esa que lo llevó a ser uno de los rosarinos más internationally de las últimas décadas, y de golpe frenó. Su observación fue puntual: notó que espectadores de su propio público eran obligados a permanecer sentados en sus localidades, y que el personal de seguridad estaba yendo un paso más allá del simple pedido. "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", soltó con la crudeza que lo caracteriza. Después, dirigiéndose al público, los invitó a no dejarse "avasallar". Lo que en la jerga criolla significa, ni más ni menos, que nadie tiene por qué pasarte por encima. Es una palabra de origen guaraní, bah, de la lengua que hablamos sin saber en buena parte del Litoral y del NEA, y que usamos cuando alguien se extralimita con otro, y la elegí a propósito porque me parece que define perfecto lo que Páez quiso marcar en vivo.

El reclamo tiene un contexto que la producción se encargó de aclarar después, cuando las aguas se calmaron. El estadio tenía sectores con diferentes precios y ubicaciones asignadas, y el operativo estaba diseñado, sobre el papel, para impedir que alguien dejara su fila para colarse en localidades más cercanas al escenario, que son las más caras. La idea, en teoría, era que cada uno pudiera pararse y bailar en el lugar que había pagado, sin que alguien del fondo decidiera que tenía más derecho a estar adelante. Hasta ahí, perfecto. El problema fue el cómo.

Cómo se desmarcó la producción y qué admitió

  • Desde la organización reconocieron que algunos efectivos pudieron haber interpretado que la orden era pedirles a los asistentes que se quedaran sentados.
  • Las indicaciones fueron corregidas en vivo, durante el mismo recital, para que el control de las ubicaciones no terminara prohibiendo lo más elemental de un show: pararse a bailar.
  • La producción aclaró que el personal cuestionado no había sido contratado por los representantes de Páez, lo que dejó a cada parte a resguardo de la otra.
  • Aseguraron que el concierto siguió sin más incidentes vinculados con la seguridad.

Después del show, cuando la adrenalina ya estaba en otra frecuencia, Páez volvió a la carga desde sus redes sociales y fue terminante: "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre". El músico que había conmocionado a la Argentina con El amor después del amor a principios de los 90, el mismo que le puso música a la película de Spinetta, volvió a quedar en el centro de la escena, aunque esta vez por un cruce que poco tuvo que ver con la música y mucho con cómo se trata a la gente en un recital.

Me quedo pensando, mientras escribo esto, en algo que me parece de sentido común: si pagaste una entrada, lo mínimo que podés esperar es que nadie te toque, te empuje o te obligue a quedarte quieto en tu butaca mientras suena la música. La seguridad en un show es para cuidarnos, no para reemplazarnos. Y cuando eso se invierte, está más que bien que alguien, aunque sea el artista que está arriba del escenario, lo marque en vivo y en directo. Fito, esta vez, no cantó: habló. Y a mí, personalmente, me parece que hizo bien.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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