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LUN, 05 OCT 2026
Vida

El hambre silenciosa: la psicóloga que pide mirar la mesa antes que el diagnóstico

Kimberley Wilson sostiene que el cansancio crónico, la apatía y el mal humor pueden tener raíces nutricionales, y que integrar la alimentación a la consulta psicológica mejora los tratamientos.

EB
Elena BianchiSociedad · · lectura 3 min
El hambre silenciosa: la psicóloga que pide mirar la mesa antes que el diagnóstico

En el consultorio de Kimberley Wilson, en Londres, las sesiones arrancan con una pregunta que todavía sorprende a más de un paciente: cómo se come, cuánto se duerme y qué se hace con el cuerpo. La psicóloga, con años de trabajo en la salud mental, viene difundiendo una idea que suena simple pero que cambia la rutina de cualquier entrevista clínica: antes de hablar de traumas, de pastillas o de duelos, hay que revisar el plato, el descanso y el movimiento. Esa conversación inicial, cuenta, se volvió decisiva para entender por qué hay personas que llegan a la consulta con una fatiga que no se va, una apatía que no se explica o un ánimo que se cae sin aviso.

Una mirada que integra lo que muchas veces se separa

El planteo de Wilson, que ganó visibilidad en los últimos meses en medios británicos, apunta a que la evaluación de un síntoma emocional no puede quedarse solo en la palabra del paciente. Si alguien llega contando que le cuesta levantarse, que no puede concentrarse o que se enoja por todo, la profesional sugiere abrir el abanico: ¿duerme bien?, ¿se mueve durante el día?, ¿consume sustancias?, ¿cómo está su alimentación? Esa batería de preguntas, asegura, no reemplaza al psicólogo ni al médico clínico, pero ofrece un mapa más completo de lo que le está pasando a esa persona.

“El objetivo es identificar qué factores intervienen en cada caso y orientar las intervenciones. Una persona con experiencias traumáticas puede necesitar terapia especializada, mientras que alguien con anemia o una alimentación muy restrictiva podría mejorar parte de sus síntomas al corregir una carencia concreta.”Kimberley Wilson

Nutrientes que pesan en el ánimo

Entre los nutrientes que Wilson menciona como claves para el funcionamiento cerebral aparecen las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3. La psicóloga aclara, eso sí, que una insuficiencia aislada no alcanza para diagnosticar un trastorno mental, aunque sí puede agravar el cansancio, la irritabilidad y el bajo estado de ánimo. Por eso, recomienda investigar posibles déficits antes de descartar cualquier otra causa.

  • Pescados azules como sardina, salmón y caballa, fuente principal de omega-3, al menos una vez por semana.
  • Huevos, lácteos y carnes para quienes consumen alimentos de origen animal, por su aporte de B12 y zinc.
  • Frutos secos, semillas y legumbres como alternativas para dietas vegetarianas, siempre con supervisión profesional.
  • Suplementos de B12 y omega-3 para personas veganas, tras una consulta con el médico o nutricionista de cabecera.

La propia Wilson reconoce que su sensibilidad por este cruce entre alimentación y psiquis se forjó en un lugar particular: la prisión de mujeres de Holloway, en Londres. Allí, mientras atendía a internas con cuadros severos, notó que muchas presentaban dificultades para regular sus emociones y, al mismo tiempo, arrastraban carencias nutricionales serias. Esa experiencia la empujó a revisar ensayos clínicos aleatorizados hechos en cárceles, donde la administración de micronutrientes se asoció con una baja de los episodios de violencia. La especialista es prudente: aclara que esa relación no permite reducir la conducta de una persona a lo que come, pero la considera una pista válida para seguir investigando.

El enfoque que propone no se queda en la comida. Wilson incorpora también el sueño, el sedentarismo, el consumo de sustancias, los conflictos personales y el estrés laboral como piezas que se miran juntas. Cada cambio, advierte, puede tardar meses en notarse, y la mejoría rara vez llega de un solo factor. Por eso, insiste, la psicoterapia y los medicamentos siguen siendo herramientas centrales cuando el cuadro lo requiere. En la práctica, la idea es construir un abordaje a medida: ni más light que un tratamiento serio, ni más invasivo que lo que cada paciente necesita. En el consultorio de Kimberley Wilson, mientras tanto, la conversación empieza a cambiar de tema, y la lista del súper, el horario de la siesta y la caminata de la tarde vuelven a tener, otra vez, un lugar en la historia clínica.

EB

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