Doce gigantes del cine vuelven a la pantalla chica: Netflix repone clásicos que nadie quiere perderse
Desde El Padrino hasta Volver al Futuro, la plataforma reúne títulos que la base IMDb coloca en lo más alto de su ranking histórico. Un repaso por dramas, aventuras y ciencia ficción que acumularon decenas de Oscar y siguen vigentes como si los hubieran filmado ayer.
Me imagino la escena: uno se sienta en el sillón, agarra el control remoto y, en lugar de perderse otra vez entre maratones de series, se topa con un cartel que dice "El Padrino", "Schindler" o "Volver al Futuro" disponible en la plataforma. Se me eriza la piel, lo confieso. Porque esas películas no son simplemente films: son parte de la biografía sentimental de cualquiera que haya crecido frente a una pantalla. Y ahora Netflix las tiene juntas, como una reunión de viejos amigos a los que uno no veía desde la época del videoclub.
Los puntazos del ranking, según IMDb
La selección que ofrece el catálogo no es caprichosa. IMDb, esa base de datos que funciona como termómetro mundial del cine, ubica a estos largometrajes entre los mejor puntuados de todos los tiempos, con calificaciones que van de 8,4 a 9,2 sobre 10, calculadas a partir de millones de votos de usuarios y críticos. Es decir: no estamos hablando de obras de culto escondidas, sino de títulos que el público masivamente consagró. Un detalle que a mí, como espectadora habitué, me sirve de guía: cuando IMDb y el boca a boca coinciden, conviene prestar atención.
- El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola: Marlon Brando y Al Pacino en el papel de los Corleone, la familia que rechaza el negocio de la droga y desata una guerra entre cinco clanes mafiosos. Tres Oscar, incluido Mejor Película y Mejor Actor.
- La lista de Schindler (1993), de Steven Spielberg: el empresario alemán que salvó a trabajadores judíos empleándolos en su fábrica durante la Segunda Guerra. Siete estatuillas, entre ellas Mejor Película y Mejor Dirección.
- Indiana Jones en busca del Arca perdida (1981), también de Spielberg: Harrison Ford como el arqueólogo que corre contra los nazis para recuperar el Arca de la Alianza. Cinco Oscar técnicos y el nacimiento de una saga que sigue viva.
- Forrest Gump (1994), de Robert Zemeckis: Tom Hanks recorre décadas de historia estadounidense con la torpeza intelectual como compañía y una determinación que conmueve. Segundo Oscar consecutivo para Hanks.
- Volver al futuro (1985), otra vez de Zemeckis: un adolescente viaja al pasado en un DeLoreanado como máquina del tiempo y debe lograr que sus padres se enamoren sin borrar su propia existencia. Un himno generacional.
- Apocalypse Now (1979), de Coppola: Martin Sheen navega por la selva de Vietnam y Camboya para encontrar a un general desertor interpretado por Marlon Brando, en un rol que el actor rodó en apenas cinco minutos de metraje.
Spielberg y Zemeckis, los nombres que se repiten
Hay algo que me llama la atención: Steven Spielberg y Robert Zemeckis aparecen más de una vez en el listado, lo que habla a las claras del peso específico de estos directores en la historia del cine. Spielberg, que ya había conmovido al mundo con E.T. y Tiburón, se consagra acá con dos películas que atraviesan géneros opuestos: el drama más crudo de la guerra y la aventura más pura del cine de entretenimiento. Zemeckis, por su parte, demuestra una versatilidad notable: de la ternura inesperada de Forrest Gump al vértigo juguetón de los viajes en el tiempo. Pocas veces dos filmografías tan distintas conviven en el mismo ranking.
El catálogo incluye además dramas bélicos, comedias y aventuras que, sumados, acumulan decenas de premios Oscar. Hay espacio para la reflexión más oscura y para la risa más liviana, para la épica histórica y para la fantasía pura. En lo personal, lo que más me gratifica es saber que estas películas siguen encontrando público: padres que las vieron de jóvenes se las muestran a sus hijos, y los hijos descubren que, lejos de envejecer, esos relatos se rejuvenecen con cada visionado. Ñande aramboty, diría yo si me dejaran colar una palabra en guaraní: significa "nuestro pasado", y es exactamente lo que siento cuando prendo la tele y me topo con estos clásicos. Una invitación, en definitiva, a reconciliarse con la historia grande del cine sin moverse del living.
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