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JUE, 17 SEPT 2026
Vida

De la calle al living: por qué los gatos se adueñaron de la mitad de los hogares argentinos con mascotas

La convivencia con felinos pasó del 40 al 52 por ciento entre 2018 y 2026, según la consultora Voices. Especialistas y voluntarios del refugio Proyecto 4 Patas explican qué hay detrás de un fenómeno que combina departamentos más chicos, personas que viven solas y una relación con los gatos que dejó atrás el mito de la distancia.

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Elena BianchiSociedad · 16 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las siete de la tarde y en el departamento de Alejandro, en algún punto de la ciudad de Buenos Aires, el ruido del trapo de piso contra el piso se mezcla con un maullido corto que viene del placard más alto. Limón, su gato, lo mira desde arriba con esa paciencia que sólo tienen los felinos cuando saben que nadie los va a molestar. Alejandro tiene 27 años, trabaja fuera de casa varias horas por día y volvió a elegir un gato como compañía, igual que hacen cada vez más argentinos: según la consultora Voices, la presencia de gatos entre quienes tienen mascotas saltó del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026, mientras que los perros, siempre primeros, bajaron del 88 al 83 por ciento en el mismo período.

Casas más chicas, vidas más solas

El dato no aparece en el vacío. En la Ciudad de Buenos Aires, el Censo 2022 registró que alrededor del 40 por ciento de los hogares están integrados por una sola persona y que casi tres cuartas partes de las viviendas particulares son departamentos. Esa combinación de metros cuadrados ajustados, jornadas laborales extensas y gente que vuelve a una casa sin compañía humana ayuda a explicar, según Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina, por qué el gato se volvió una opción cada vez más frecuente: se adapta a espacios chicos, no necesita salir a la calle varias veces por día y resuelve bien las esperas, aunque eso no quiera decir que pueda pasar largos períodos sin interacción.

Yo a Limón lo noto cuando llego cansado y él se acomoda al lado mío en el sillón, y uno siente que el día cambia un poco. Alejandro lo dice con una media sonrisa mientras acomoda un rascador junto al balcón: Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien. Esa frase resume, en pocas palabras, el cambio de mirada que mencionan los especialistas: los gatos dejaron de ser aquel inquilino silencioso que apenas se dejaba ver y pasaron a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de muchos hogares.

Qué necesita un gato para vivir bien en un departamento

Desde el refugio Proyecto 4 Patas, donde cada semana se acercan personas a buscar un felino o a dejar uno que ya no pueden tener, la mirada coincide con la de los veterinarios, pero baja a la práctica diaria. Para Fernanda Lazzarino, voluntaria de la organización, un gato en un departamento puede estar perfectamente bien si la casa le ofrece al menos cuatro cosas básicas: superficies en altura donde pueda treparse y controlar el ambiente, un rascador para gastar las uñas y estirarse, una piedra sanitaria limpia y ubicada en un lugar tranquilo, y juegos o elementos que lo hagan olfatear, rascar y cazar. Después viene lo demás: mimos, palabras, presencia.

  • Espacios en altura: estantes, repisas o muebles accesibles para que el gato pueda subir y bajar a su ritmo.
  • Rascador firme, ubicado en zona de paso, para que marque territorio y se mantenga activo.
  • Piedra sanitaria en lugar tranquilo, limpia a diario y alejada de la comida.
  • Juegos de olfato y caza: cajas, túneles, plumeros o juguetes con hierba gatera para estimularlo.
  • Contacto diario: caricias, palabras y momentos de juego compartido, aunque el gato parezca autosuficiente.
“Durante la última década perdió fuerza la idea de que los gatos son necesariamente distantes o incapaces de adaptarse a una casa. Después de los cuatro meses, construir confianza sigue siendo posible, aunque lleva más dedicación.”Fernanda Lazzarino, voluntaria de Proyecto 4 Patas

Esa idea de que el gato no necesita a nadie es, según las dos especialistas consultadas, el error más común. Muñiz lo repite cada vez que un adoptante le pregunta si es verdad que el animal se conforma con comer y dormir: el ronroneo, el cuerpo pegado al dueño en las noches de invierno y la presencia silenciosa en una misma habitación son parte de un vínculo que aporta bienestar a las personas y que, en los gatos, también se nota. Limón, por las dudas, acaba de bajar del placard y se estiró sobre la mochila de Alejandro, como para dejar en claro que, en esa casa, las decisiones importantes las toma él. Y a esta altura, a nadie le molesta.

EB

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