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DOM, 20 SEPT 2026
Vida

Cuando un resfrío deja de ser un resfrío: las alarmas que el cuerpo enciende y que no conviene pasar por alto

Después de unos días con fiebre y malestar, el cuerpo empieza a recomponerse. Pero hay un momento en el que esa recuperación se interrumpe y aparece un síntoma que hasta entonces no estaba. Ahí es cuando la gripe deja de ser gripe y se vuelve otra cosa. Un infectólogo de la clínica Cleveland explica qué señales hay que vigilar y por qué.

EB
Elena BianchiSociedad · 20 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera y en la guardia de una clínica de Buenos Aires ya hay tres pacientes esperando con la misma pregunta en la cara: "¿Esto es gripe o ya es otra cosa?". La respuesta, en la mayoría de los casos, no la da un hisopado ni un análisis complejo. La da el cuerpo, cuando empieza a comportarse de un modo que no se condice con lo que uno esperaba de un cuadro viral. Y la da el tiempo, porque en la gripe hay un reloj silencioso que muchas personas no miran hasta que es tarde.

Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por la clínica Cleveland, lo explica con una frase que cualquier adulto de entre cuarenta y sesenta años puede entender: "sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es un motivo para consultar sin demora". Aclaremos algo antes de seguir: yo no estoy acá para sumar alarma a la conversación, sino para ordenar un tema que suele mezclarse con los resfríos comunes, con la alergia y con el cansancio de fin de año. Pero también creo que hay información que, bien contada, salva vidas. Y esta es una de esas.

El reloj de 24 a 48 horas que pocos miran

La dinámica de la gripe suele tener una curva reconocible: empieza con fiebre, dolor muscular, congestión y ese cansancio que obliga a quedarse en cama. En la mayoría de los adultos sanos, el pico llega entre el segundo y el cuarto día y, a partir de ahí, el cuerpo empieza a ganar la pulseada. Pero Kotekal advierte que hay una ventana crítica: cuando alguien con diabetes, problemas renales, cardíacos, pulmonares u obesidad empieza a sentirse peor pasadas las 24 o 48 horas, el deterioro puede ser rápido. Y lo que antes parecía una gripe puede haberse transformado en otra cosa.

  • Falta de aire o dificultad para respirar: una de las señales más claras de que los pulmones están comprometidos y requieren evaluación inmediata.
  • Dolor o presión persistente en el pecho: puede indicar que el corazón o los pulmones están trabajando al límite.
  • Labios o uñas azulados: un signo de que la sangre no está recibiendo suficiente oxígeno.
  • Confusión, desmayo o alteración de la conciencia: el cerebro está siendo afectado por la falta de oxígeno o por una infección sistémica.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa: el cuerpo no logra reponer lo que pierde y empieza a funcionar en emergencia.
  • En niños pequeños, respiración acelerada y llanto que no se calma con nada: señales que en los más chicos suelen reemplazar a las que un adulto puede describir.

Por qué sentirse mejor puede ser una trampa

Acá viene uno de los puntos más contraintuitivos del tema, y es el que más me interesa contar. Esa mejoría que aparece hacia el cuarto o quinto día no siempre significa que el virus fue vencido. En realidad, lo que ocurrió es que el sistema inmunitario tomó la delantera y, al mismo tiempo, dejó las defensas bajas. Es una ventana de oportunidad para que una bacteria se cuele en los pulmones y provoque una neumonía. Kotekal lo dice con claridad: la neumonía es la complicación potencialmente mortal más habitual de la gripe, y puede aparecer tanto por el avance del propio virus hacia los pulmones como por una infección bacteriana que aprovecha el bajón de las defensas. Esa es la razón por la que el dicho popular "ya estaba mejor y de repente se me vino encima" tiene, en medicina, un nombre técnico y una consecuencia concreta.

Pero la neumonía no es la única complicación. El cuerpo, al enfrentar la gripe, pone en marcha una respuesta inmunitaria muy potente que, en algunos casos, se descontrola. Esa desregulación puede derivar en sepsis, una reacción extrema del sistema inmune que termina dañando tejidos y órganos del propio paciente. También puede empeorar enfermedades previas como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, provocar insuficiencia respiratoria y, en personas con problemas cardíacos, alterar el pulso y la presión arterial hasta el punto de desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular. Cuando uno lee la lista completa, entiende por qué los especialistas insisten tanto con la consulta temprana.

Quiénes miran el reloj con más cuidado

La vulnerabilidad no se distribuye de manera pareja. Kotekal menciona cuatro grupos que conviene tener presentes: los menores de cinco años, los mayores de 65, las embarazadas y las personas con enfermedades crónicas como diabetes, obesidad, problemas renales, cardíacos o pulmonares. En esos grupos, el margen entre "esto es una gripe" y "esto es una complicación" suele ser más angosto. Pero vale una aclaración que el propio especialista hace y que a mí, como cronista, me parece importante no perder de vista: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, aunque no lo elimina. La gripe no distingue credenciales de salud.

La prevención como gesto cotidiano

Y acá volvemos al principio, a esa sala de espera de las nueve de la mañana donde tres personas se preguntaban lo mismo. La pregunta que muchas veces queda sin hacer es la que podría haber cambiado la historia del invierno: ¿me vacuné contra la gripe este año? Kotekal lo dice sin vueltas: la vacunación anual es la herramienta de prevención más efectiva que existe. Tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros graves, así que el tipo de virus no funciona como excusa para relajarse. El resto lo de cada uno: lavarse las manos, ventilar los ambientes, quedarse en casa cuando aparecen los primeros síntomas y, sobre todo, prestar atención a ese momento en el que el cuerpo deja de mejorar y empieza a pedir otra cosa. A veces, esa otra cosa es una consulta. Y a tiempo.

EB

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