Cuando el cielo se pone gris: por qué los días sin sol no siempre vacían la vitamina D
El médico internista Ramiro Heredia explica qué grupos deben controlar sus niveles, por qué los adultos sanos no necesitan suplementar de forma preventiva y cómo la alimentación y las reservas del cuerpo ayudan a sortear las jornadas con el cielo cubierto.
El termómetro marca poco más de diez grados y la ventana del consultorio queda empañada por la llovizna que no afloja desde la madrugada. Mientras tanto, en la pantalla del teléfono, una paciente consulta si estos días sin sol le están vaciando la reserva de vitamina D. La escena se repite varias veces por semana cada vez que el pronóstico anuncia una semana de cielo tapado en buena parte del país, y abre una pregunta que mezcla preocupación por los huesos, cansancio y un estado de ánimo que también se siente gris.
Para responderla con seriedad hay que empezar por lo básico: la vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, y también se incorpora a través de algunos alimentos. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo, de modo que varias jornadas seguidas de lluvia o cielo cubierto no implican, por sí solas, una caída significativa en los niveles. A eso se suma que el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante períodos de menor exposición, y la posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos, los antecedentes y las condiciones de salud de cada persona.
Quiénes sí deben prestar atención a sus niveles
- Adultos mayores, por la menor capacidad de síntesis cutánea y por el riesgo de osteoporosis y fracturas.
- Personas con obesidad, ya que la vitamina D queda retenida en el tejido graso y queda menos disponible.
- Pacientes con enfermedad celíaca, porque la malabsorción intestinal puede comprometer el aprovechamiento de la vitamina.
- Quienes atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos, situaciones que alteran la absorción y el metabolismo.
- Personas con osteoporosis o fracturas previas, donde el control de vitamina D es parte del seguimiento.
En todos esos casos, la decisión de pedir un análisis de sangre y definir un tratamiento depende de la evaluación médica. Para quienes no forman parte de esos grupos, el especialista consultado fue muy claro: no existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin una deficiencia documentada, y el exceso puede ser tan problemático como la falta.
Por qué conviene evitar el suplemento por cuenta propia
Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal. Por eso, automedicarse en los meses de invierno, cuando aparecen las publicidades de ampollas y frascos en las farmacias, suele ser más un riesgo que un beneficio. La indicación profesional, con un análisis previo que muestre niveles por debajo de los valores esperados, es la única manera segura de suplementar.
“Los adultos sanos no deberían tomar suplementos de vitamina D sin indicación profesional, porque la posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos, los antecedentes médicos y las condiciones de salud de cada persona.”Ramiro Heredia, especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires
Dónde está y para qué sirve
La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, minerales clave para los huesos. Su deficiencia puede causar osteomalacia en adultos, con fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas, y en los niños una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además, participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, lo que ayuda a entender por qué su déficit se asocia a mayor cansancio y a una recuperación más lenta de algunas infecciones.
En la mesa, los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados aportan vitamina D, aunque cuando ya existe una deficiencia la dieta sola puede no alcanzar para corregirla. Por eso, más allá del plato, lo que cuenta es el balance entre exposición solar prudente, alimentación y, cuando corresponde, suplementación bajo control médico. Cuando cae la tarde y la paciente del consultorio cierra la videollamada, la recomendación termina siendo la misma con la que empezó la conversación: no hay que suplementar por las nubes, pero sí conviene saber en qué grupo se está parado antes de decidir si hace falta un análisis y, eventualmente, un tratamiento.
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