Breaking Bad se consagró como la mejor serie del siglo XXI en una encuesta internacional que reunió a 500 voces de la televisión
La historia de Walter White, un profesor que recurre al narcotráfico tras un diagnóstico terminal, se quedó con el primer puesto en un ranking que reunió a actores, guionistas y productores. La precuela Better Call Saul y la película El camino completan el universo de la ficción de Vince Gilligan.
Hay una imagen que a mí, particularmente, me sigue sacudiendo cada vez que la recuerdo: la de un señor de mirada mansa, corbata prolija y guardapolvo escolar, parado en medio del desierto de Nuevo México con una barba crecida, los ojos clavados en el horizonte y un freezer lleno de dinero ilícito detrás de él. Esa imagen, esa metamorfosis silenciosa y a la vez brutal, es la que resume todo lo que Breaking Bad fue capaz de hacer con la pantalla chica durante cinco temporadas, y la que seguramente les quedó grabada a las 500 figuras de la televisión que la eligieron como la mejor serie del siglo XXI.
Una encuesta con peso propio
El ranking que la consagró no es un capricho ni un ranking de fans en una red social: se trata de una selección que reunió las opiniones de 500 personalidades del medio, entre ellas los actores Elisabeth Moss, el propio Bryan Cranston y Jason Bateman, más figuras de la creación como Damon Lindelof y Noah Hawley. Cuando tanta gente que sabe cómo se hace televisión coincide en un mismo nombre, algo serio está pasando.
Conviene recordar, además, que Cranston ya había pasado por las pantallas con su papel de Hal, el papá torpón y entrañable de Malcolm in the Middle. Muchos lo tenían fichado como un comediante sólido y, sin embargo, lo que hizo con Walter White terminó de romper cualquier molde: le dio al personaje una transformación que va del profesor respetado al emperador del narcotráfico, pasando por capas que todavía hoy se discuten en foros, en universidades y, por qué no, en las mesas familiares del domingo.
La serie, emitida entre 2008 y 2013, cuenta con 62 episodios y un arranque demoledor: un profesor de química que, después de recibir un diagnóstico de cáncer pulmonar terminal, decide incursionar en la fabricación y venta de metanfetamina con el objetivo de dejarle un respaldo económico a su familia. Lo que empieza como una solución desesperada, con la palabra en guaraní "ñehe" rondando en mi cabeza (esa idea de búsqueda o anhelo profundo que atraviesa a tantos personajes criollos y también, me animo a decir, a Walter White), se va convirtiendo lentamente en otra cosa, en algo mucho más oscuro y mucho más grande de lo que el propio protagonista había imaginado.
El universo que se expandió alrededor de Walter White
- Better Call Saul, la precuela centrada en el personaje de Bob Odenkirk, que se metió nada menos que en el puesto 27 de la misma selección.
- El camino, la película dedicada a cerrar la historia de Jesse Pinkman, otra vez con Aaron Paul, que le dio al personaje un desenlace a la altura de la serie original.
Yo, que vengo siguiendo esta historia desde el capítulo uno en una pantalla que todavía era chica de tubo, les confieso una cosa: más allá del ranking, más allá de los elogios que pueda firmar cualquier crítico o colega, lo que a mí me sigue conmoviendo de Breaking Bad es cómo se anima a contar la decadencia de un hombre común sin convertirlo nunca en un héroe de acción ni en un villano de caricatura. Es una serie que se toma en serio a su personaje, que se toma en serio a la audiencia y que, por eso, se ganó un lugar que, al menos por un buen rato, va a ser muy difícil de discutir. Si tuviera que elegir un personaje, me quedo con Jesse, porque en su fragilidad está el contrapunto perfecto de la ambición de Walter; pero reconozco que esa es una pelea que cada quien la resuelve en su propio living, y está buenísimo que así sea.
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