Brad Pitt, el Himalaya y un viaje que lo cambió todo: revisitamos Siete años en el Tíbet
La pelicula de Jean-Jacques Annaud regresa a la conversacion con una historia que mezcla expedicion, cautiverio y un encuentro inesperado con el Dalai Lama. Tambien trae el recuerdo de las restricciones que China le impuso a su protagonista y al propio director.
Me imagino la escena inicial como si la tuviera delante de los ojos: una cordillera blanca hasta donde se pierde la mirada, el aire tan fino que corta, y un tipo alto, de rasgos finos y sonrisa algo despreocupada, caminando con botas pesadas sobre la nieve. Es Brad Pitt, pero todavia no lo sabemos. Es Heinrich Harrer, un alpinista austríaco que en 1939 decide dejar a su mujer embarazada para sumarse a una expedicion que lo llevaria muy lejos de la vida que conocia. Asi arranca Siete años en el Tibet, una pelicula que hoy vuelve a aparecer en las conversaciones de cine y que, a mi modo de ver, sigue dando que hablar.
Antes de meternos de lleno en el Himalaya vale la pena recordar de donde viene Annaud. El director frances ya nos tenia acostumbrados a este tipo de historias grandes, rodadas con paciencia y amor por el detalle: su pelicula anterior mas recordada era El oso, de 1988, una coproduccion franco-estadounidense que conto la amistad entre un osezno y un oso adulto en las montanas de Columbia Britanica. Aquel trabajo mostraba a un director obsesionado con los paisajes imponentes y los vinculos casi silenciosos entre personajes. En Siete años en el Tibet, Annaud lleva esa mirada al Himalaya y a un vinculo todavia mas delicado: el de un alpinista europeo con un adolescente que es mucho mas que un chico, porque se trata del Dalai Lama en su juventud.
Del alpinismo al cautiverio, y del cautiverio a un encuentro inesperado
La Segunda Guerra Mundial le tuerce los planes a Harrer. La expedicion se interrumpe, el grupo queda prisionero en la India y lo que tenia que ser una aventura deportiva se convierte en un capitulo oscuro. A esa altura, la pelicula deja de ser solo un film de montana para empezar a contar otra cosa: la de un hombre al que la historia lo empuja hacia un destino que no habia imaginado. Annaud maneja ese cambio con pulso y, como le gusta al cine europeo, se toma su tiempo.
Despues de varios anos detenido, Harrer logra escapar. Su fuga lo lleva por el norte de la India, por zonas que entonces eran casi inaccesibles, hasta cruzar a lo que hoy conocemos como el Tibet. En ese recorrido extremo, donde la nieve y el hambre son compania cotidiana, aparece el segundo motor de la pelicula: su llegada a Lhasa y el encuentro con el Dalai Lama, entonces un chico de unos nueve o diez anos. Entre el alpinista europeo, descreido y algo frio, y el joven lider espiritual se construye un vinculo que se va haciendo eje del relato. Es el tipico lazo que el cine ama contar: el de dos personas que no tendrian nada en comun y, sin embargo, se cambian mutuamente.
Lo que se cuenta en pantalla y lo que paso fuera de pantalla
- La historia arranca en 1939, con Harrer partiendo hacia el Himalaya mientras su esposa queda embarazada en Austria.
- La Segunda Guerra Mundial lo lleva a un periodo de prision que posterga la expedicion.
- Tras escapar, llega a la residencia del Dalai Lama, con quien desarrolla una amistad que transforma su mirada del mundo.
- En paralelo, la pelicula muestra los preparativos de la invasion china a Tibet, que estan a punto de estallar.
- En 1997, China prohibio el estreno de peliculas de Sony como represalia, en respuesta al estreno de este film.
- El propio Brad Pitt y el director Jean-Jacques Annaud recibieron prohibiciones de ingreso a China, en principio de por vida.
- Annaud pudo volver a entrar en 2012 y luego filmo alli El ultimo lobo, una de sus peliculas posteriores.
- Pitt recien pudo regresar a China en 2014, ya levantado el veto personal.
Hay algo que siempre me parecio notable de Siete años en el Tibet y que va mas alla de su trama: la manera en que su estreno reordeno el mapa de los vinculos diplomaticos y comerciales, como si la pantalla hubiera tenido mas poder que la diplomacia. Lo que Annaud conto en una ficcion le costo a Sony perdidas concretas en el mercado chino, y a Pitt y al propio director un sello de prohibido entrar que duro casi dos decadas. Esa dimension extra, la de una pelicula que termina modificando la vida real de quienes la hicieron, forma parte del legado del film tanto como la propia historia de Harrer.
Si me preguntan por que sigue vigente, les diria lo de siempre: porque cuenta, con imagenes enormes y con paciencia, un proceso intimo que reconozco en cualquiera de nosotros. El alpinista egoista que entra al Himalaya no es el mismo que entabla amistad con el Dalai Lama ni el que finalmente entiende algo del pueblo que lo hospeda. En esa transformacion, que Annaud filma con el paisaje como personaje y con Brad Pitt encontrando un registro menos estelar y mas contenido, esta la verdadera aventura de la pelicula. El resto, los vetos, las disputas entre paises y la bronca del gobierno chino, le sumo capas, pero el corazon de la historia sigue siendo el mismo: un hombre que cambia en la montana, como nos pasa a tantos, queramos o no, cuando el viaje nos lleva mas lejos de lo que pensabamos.
Una ultima cosa, ya en tono confesional: cuando termine de revisar esta nota y de recordar los planos del Himalaya y la mirada del Dalai Lama joven, me quede pensando que Siete años en el Tibet es, en el fondo, una pelicula sobre la posibilidad de volverse, con los anos, un poco mejor de lo que se era al empezar. Y eso, hablando en criollo y sin vueltas, me sigue conmoviendo cada vez que la cruzo en una grilla.
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