Vuelven las hermanas que prefirieron el desastre antes que la reconciliación: Such Brave Girls llega a su segunda temporada
La comedia escrita y protagonizada por Kat Sadler ya está disponible en Filmin con seis episodios que profundizan el retrato ácido y sin maquillaje de una familia que prefiere complicarse la vida antes que sentarse a hablar de lo que le pasa.
Hay una imagen que se repite en la pantalla apenas arranca el primer episodio de esta segunda temporada y que define, de cuerpo entero, el espíritu de la serie: Billie y Deb arrastrando a Josie, literalmente secuestrada, hasta un altar improvisado para que se case con Seb. No hace falta demasiado contexto para entender que en esa casa la palabra convivencia hace mucho que dejó de ser una descripción y pasó a ser una amenaza. Esa foto inicial, con su voltaje casi de sitcom de los años noventa pero con la acidez reescrita por una generación que se crio entre memes y terapia, es la mejor tarjeta de presentación para quien todavía no se cruzó con las protagonistas de Such Brave Girls.
Kat Sadler, Lizzie Davidson y Louise Brealey retoman a Josie, Billie y Deb, el triángulo de -perdón, de madre e hijas- alrededor del cual gira esta comedia británica que acaba de sumar su segunda temporada al catálogo de Filmin en España, casi catorce meses después de su estreno original. Son seis capítulos de media hora que no invitan a ponerse cómodo: la serie ya se había ganado un lugar en 2024 con una primera entrega que funcionaba como un espejo deformado de los vínculos familiares, y ahora vuelve con la misma troupe, el mismo tono incómodo y una decisión estética que se mantiene intacta: no esperar reconciliaciones, no regalar finales suaves, no traicionar a unos personajes que se han construido a partir de la evasión y de la mala leche.
Una familia que se sabotea en tiempo real
Lo que más me interesa, como espectadora, es que la serie no esconde la mano: Kat Sadler, además de protagonizarla, la escribe, y se nota que hay material autobiográfico filtrándose en cada decisión de guion. Josie tiene antecedentes psiquiátricos, sí, pero la trampa está en que Billie y Deb no están mucho mejor, solo que manera -cada una con la propia- de tapar lo que les pasa. La salud mental y el trauma no se mencionan como decoración ni como argumento de campaña: están ahí, en los silencios maliciosos, en las decisiones impulsivas, en esa manera que tiene Deb de mirar a sus hijas como si fueran un proyecto que salió mal. La serie propone una mirada que en mi lectura es bastante honesta sobre cómo los problemas no se distribuyen de manera pareja dentro de una familia, sino que se mueven, se contagian, se redistribuyen según la estación.
En esta segunda temporada, el núcleo de tres actrices sostiene toda la arquitectura. Kat Sadler compone a una Josie que oscila entre el estallido y la parálisis con una ductilidad que da gusto ver. Lizzie Davidson, como Billie, se luce en ese registro de chica que parece tener todo controlado hasta que se nota que no controla absolutamente nada. Y Louise Brealey, a quien muchos recuerdan de Sherlock o de algunas películas británicas de los últimos años, le pone a Deb una fragilidad disfrazada de autoritarismo que explica, en gran parte, de dónde salieron estas hijas tan particulares. Freddie Meredith vuelve como Seb, el partenaire que, en el arranque de esta entrega, paga el precio de estar enamorado en el momento equivocado.
- Seis episodios de media hora, disponibles en Filmin España desde hace pocas semanas, casi catorce meses después del estreno original de la temporada.
- Kat Sadler, Lizzie Davidson y Louise Brealey encabezan un elenco estable que sostiene toda la carga dramática y cómica de la serie.
- La historia toma como punto de partida el secuestro de Josie para forzarla a casarse con Seb, el personaje de Freddie Meredith.
- El humor convive con temas de salud mental, trauma familiar y relaciones sentimentales sin recurrir a reconciliaciones fáciles ni finales edulcorados.
- La escritura, a cargo de la propia Kat Sadler, incorpora experiencias personales y construye personajes que evaden sus problemas en lugar de enfrentarlos.
Una comedia que se anima a no consolar
A mí, particularmente, me resulta refrescante que una comedia sobre relaciones familiares tan oscuras se anime a no consolar. No hay aquí el típico arco de aprendizaje donde al final del recorrido todos se abrazan y lloran y prometen tratarse mejor. Lo que hay es una familia que se entiende a los gritos, que se lastima por inercia y que, aun así, sigue volviendo a la misma mesa. La serie entiende algo que muchas comedias familiares olvidan: que querer a alguien no alcanza para dejar de hacerle daño, y que la salida, cuando existe, suele ser más modesta y menos cinematográfica de lo que el género acostumbra. En tiempos de comedias que se apoyan en la ternura fácil, Such Brave Girls se planta con su pesimismo cariñoso, con su humor que duele un poco, con su negativa a redondear las aristas.
Si te interesa una comedia sobre relaciones familiares difíciles, mi recomendación honesta es que le des una oportunidad aunque el primer capítulo te incomode. Suele pasar que, en esta serie, lo que incomoda es exactamente lo que termina enganchando. Y si ya viste la primera temporada, la vuelta a Josie, Billie y Deb se siente como reencontrarse con unas amigas a las que les fue mal pero que, por alguna razón que no terminás de explicar, te alegra volver a ver. Al menos en mi caso, fue así.
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