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LUN, 21 SEPT 2026
Tecnología

Veintisiete de cada cien argentinos ya le pasan la lista a la inteligencia artificial para ir al súper

Un informe de Bain & Company muestra que la mayoría se anima a pedirle ayuda para comparar y elegir, pero todavía pocos le sueltan la billetera. Repaso por los rubros donde la IA avanza y donde frena.

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Ignacio MüllerTecnología · 21 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

¿Le pedirías a un programa que te elija el shampoo? Un informe de Bain & Company dice que el 27% de los consumidores argentinos ya usa inteligencia artificial como ayuda para comprar, mientras que el 30% estaría dispuesto a entregarle toda la operación. Son dos cosas distintas, y vale la pena separarlas antes de entrar en pánico o de ilusionarse.

El dato sale del Consumer Pulse, un relevamiento que la consultora publica de manera periódica para medir cómo se comporta la gente a la hora de gastar. El número grande, el 72%, refleja la adopción cotidiana de IA en el país, no la relacionada exclusivamente con las compras. Eso incluye desde un buscador hasta una herramienta de estudio: la mitad de los argentinos la usa para buscar información y un 47% para actividades de formación.

Asistir, elegir o soltar el volante: tres niveles muy distintos

El informe separa la confianza en tres escalones. Arriba del todo, el 41% acepta que la IA investigue servicios y precios: el clásico ejemplo de quien le pasa la lista al asistente antes de pedir la pizza en Rosario o comparar la cuota del seguro del auto en Santa Fe. En el medio, un 36% se anima a recibir ayuda y seleccionar productos. Abajo, el 30% admite que delegaría toda la compra en un sistema automatizado. Ese último número es intención, no práctica: significa que casi uno de cada tres argentinos se imagina haciéndolo, aunque después no lo concrete.

La diferencia clave está en quién decide. Si la IA solo sugiere, la persona manda. Si compra sola, la persona supervisa. Bain & Company llama a ese esquema comercio agéntico: un programa elige y paga por el usuario, que pasa de cargar el carrito a mirar la pantalla mientras la operación se ejecuta.

En qué anda la IA y en qué todavía se tropieza

  • Cosmética y cuidado de la piel: la investigación previa favorece la intervención de agentes, porque comparar activos y reseñas lleva tiempo.
  • Artículos básicos del hogar, como productos de limpieza: la lógica avanza por precio y eficiencia, ahí la IA se luce.
  • Alimentos envasados: la adopción va más lenta porque entran las marcas favoritas y los gustos del paladar de cada uno, y eso la IA no lo adivina.
  • Herramientas de planificación: aparecen como puente para ordenar listas y compras recurrentes, no como reemplazo del consumidor.

Para el corto plazo, el informe imagina un reparto de tareas. Los agentes participan en el descubrimiento y la selección, mientras el comercio sigue manejando el cobro y la entrega. Los sistemas priorizan características técnicas, información objetiva y reseñas verificables al evaluar productos, algo que deja afuera el boca a boca del vecino o el consejo del farmacéutico de la esquina.

La moraleja porteña es simple: la IA todavía no reemplaza a nadie en la góndola del supermercado, pero ya está haciendo los deberes que antes hacía el consumidor con un rato libre y tres pestañas abiertas en el navegador. Veremos.

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Ignacio MüllerTecnología

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