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SÁB, 19 SEPT 2026
Tecnología

El bar ahora te cobra el café y te presta la supercomputadora: bienvenidos a los bares con inteligencia artificial

Un café, una notebook y modelos de IA corriendo en la barra. Una moda que ya funciona en cinco países y que empieza a mezclar el ocio con el trabajo técnico más pesado. Te cuento qué hay detrás.

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Ignacio MüllerTecnología · 19 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

¿Te sentaste alguna vez en una cafetería de Avenida Freyre con tu compu y el WiFi apenas te daba para mandar un mail? Bueno, olvidate de eso. Ahora hay locales en el mundo donde el café te incluye algo mucho más jugoso: acceso directo a modelos de inteligencia artificial con la capacidad de cómputo del local. O sea, vos llegás con tu notebook, te pedís un cortado y mientras dure tu permanencia podés entrenar una IA, generar una imagen o procesar datos como si tuvieras una pequeña datacenter atrás del mostrador. ¿Barato o delirante? Las dos cosas, pero existe.

¿Cómo funciona este disparate?

La mecánica es simple y a la vez muy distinta a lo que uno conoce en Santa Fe. El bar pone los equipos, que son básicamente servidores con placas gráficas potentes, esos chips que originalmente se pensaron para videojuegos y hoy mueven el mundo de la IA. Vos llegás con tu computadora portátil, te conectás por red local, escaneando un código QR o por el método que disponga el local, y desde tu pantalla comés el procesamiento que está en el lugar. Mientras estás sentado tomando tu cerveza, podés programar, generar texto o analizar información sin haber pagado una suscripción a un servicio en la nube ni haber comprado hardware. Te lo resumo como si fuera un asado: el bar pone el fuego, la carne y la mesa; vos llevás tu propio plato, pero comés con la parrilla que ellos eligieron.

¿Qué se puede hacer concretamente ahí dentro?

Las tareas que se pueden resolver son variadas, según lo que cada local ofrezca. Hay lugares especializados en generación de imágenes con IA, esos sistemas que crean ilustraciones a partir de un texto descriptivo. Otros están más orientados a procesamiento de texto, conocido como NLP o Procesamiento de Lenguaje Natural, que es la capacidad de las máquinas de entender y generar lenguaje humano. Y los más ambiciosos te dejan correr modelos más complejos, como sistemas que responden preguntas, clasificadores de imágenes o herramientas para desarrolladores. El truco es que la medida del uso es otra: en lugar de contar megas, contás tokens, que son las unidades de texto que el modelo procesa, como si fueran las fichas de un casino. Algunos bares son benévolos y te dejan consumir sin tope mientras estés sentado. Otros, en cambio, te dan un crédito fijo. La libertad total depende del local.

¿Dónde existe este fenómeno?

El formato ya tiene presencia en cinco países: Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China. En cada uno con su lógica. En Estados Unidos y China el enfoque está más ligado a developers y startups, porque allá la cultura de probar herramientas nuevas es muy fuerte y moverse rápido es regla. En Japón y Alemania el perfil tira más al estudiante y al investigador, que encuentran en estos bares un lugar donde la barrera de entrada es casi nula: con tu computadora y una consumición tenés acceso a recursos caros. En Inglaterra el modelo apunta al creativo y al freelancer, gente que necesita generar contenido con IA pero no quiere pagar suscripciones mensuales caras, esos abonos recurrentes a plataformas como ChatGPT Plus, Claude Pro o Midjourney que en dólares pesan. ¿Es barato en relación? Sí, si lo medís por hora. ¿Es una novedad real? También.

¿Y al bar en qué lo afecta?

Acá viene la parte menos romántica: sostener este tipo de infraestructura cuesta plata, y mucha. El local tiene que comprar y mantener equipos con placas gráficas dedicadas, conocidas como GPU o Unidad de Procesamiento Gráfico, que son el corazón de cualquier sistema de IA actual. Tiene que pagar la factura de luz, porque estos bichos comen electricidad como si fuera gratis, y además garantizar la refrigeración, es decir, el enfriamiento constante de los servidores para que no se frían. Es lo que se llama infraestructura de computación, el conjunto de hardware y software que permite que estos modelos funcionen. Para un bar tradicional, sumar esto es como si una pizzería decidiera también tener su propia usina eléctrica. La movida sólo cierra si el público entiende que no está pagando sólo por un café.

Moraleja, con mi café encima: ¿bar o datacenter? Hoy, según dónde te sientes, las dos cosas. Si tenés un proyecto pesado y querés probar IA sin gastar una fortuna, esta idea te queda como anillo al dedo. Si sos un curioso, te sirve para entender cómo se siente trabajar con procesamiento serio sin pagar un peso por la nube. Veremos si esto llega a Buenos Aires y, sobre todo, si llega a Santa Fe. Veremos.

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Ignacio MüllerTecnología

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