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MIÉ, 14 OCT 2026
Entretenimiento

Una serpiente con cara seria: "Boiúna" se anima a asustar sin chistes

La película brasileña de bajo presupuesto apuesta al terror puro y deja de lado la picardía que domina al subgénero de monstruos gigantes. Lo que gana en tensión lo resigna en previsibilidad.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Una serpiente con cara seria: "Boiúna" se anima a asustar sin chistes

Hay un rumor que corre entre los pescadores del norte de Brasil que cuenta que en las noches sin estrellas algo muy largo y muy oscuro se desliza por el río Negro sin hacer ruido. Esa imagen, la de una criatura enorme moviéndose en silencio, es la primera que me viene a la cabeza cuando arranca "Boiúna: La leyenda del Amazonas" y la selva aparece en pantalla con ese verde espeso que parece tragarse la luz. No es una película que empiece con un grito ni con una explosión. Empieza con un pueblo chico, con gente laburando, y con una leyenda que se cuenta al lado de una fogata. Y yo, que vengo de ver decenas de cintas de serpientes gigantes donde todo termina en un chiste a cámara, lo primero que pensé fue: acá van en serio, y se nota.

La regla no escrita de las películas de monstruos descomunales es el guiño cómplice: el público sabe que lo que mira es ridículo, los personajes parecen saberlo también, y la película les hace un guiño a todos para decirles que se relajen, que nadie se la está tomando demasiado a pecho. "Boiúna" rompe ese pacto desde el primer minuto. No hay ironía en los diálogos, no hay golpes de humor en las escenas de acción, no hay nadie que mire a cámara pidiendo complicidad. Esa decisión, que puede parecer chica, es enorme: le devuelve al subgénero algo que había perdido, que es la posibilidad de asustarse de verdad.

Paciencia selvática antes del primer mordisco

Antes de arrastrar a sus protagonistas a la espesura, la cinta se ocupa de explicar qué es una boiúna. En portugués, la palabra viene del tupi y se usa para nombrar a las grandes serpientes acuáticas de la mitología amazónica; los pescadores más viejos todavía se persignan cuando la nombran, como si la palabra sola pudiera atraer la desgracia. Ese contexto no aparece pegado con cinta: la película se toma su tiempo, presenta las creencias del pueblo, arma la expedición, muestra por qué cada personaje se metió en la selva y deja que uno entienda sus razones. Para el espectador que pide vértigo desde la primera escena, esa calma puede llegar a sobrar. Pero cuando la serpiente aparece, uno ya sabe quiénes son los que están en peligro, y eso cambia todo, porque las secuencias de acecho se sienten sucias, físicas, con el cuerpo presente, y la tensión se reparte entre la criatura, los cocodrilos, las arenas movedizas y una vegetación que parece estar esperando el tropiezo.

Lo que funciona, lo que simplemente está

  • La criatura aparece en dosis medidas, lo que disimula los límites del presupuesto y mantiene viva la curiosidad.
  • Los conflictos entre personajes son útiles aunque no inolvidables, cumplen su rol sin pedir más.
  • Las muertes cumplen su función dentro del género sin aspirar a transformarse en escenas de culto.
  • La dirección es de serie B pero se mantiene coherente con lo que quiere contar.
  • La moraleja final se ve venir de lejos y la estructura no guarda ningún giro inesperado.

"Boiúna" no se disfraza de lo que no es: sabe que es una producción chica dentro de un género chico, y su mayor mérito es trabajar con honestidad adentro de ese corralito. La estructura no sorprende y el mensaje se huele antes del final, pero la ejecución está muy por encima de lo que el papel parecía prometer. Es un estreno pensado para la semana de Halloween, ideal para quien quiera pasar un rato tenso sin sentir que le están tomando el pelo, y me parece que en un catálogo saturado de monstruos que se burlan de sí mismos, esa seriedad casi artesanal se agradece como un vaso de agua fresca en medio de la canícula.

“¿Le suma o le resta a una película de terror que se anime a no hacer chistes y se tome en serio a sí misma? Yo creo que le suma, y mucho: le devuelve al subgénero algo que venía extraviando, que es la chance genuina de pasarla mal en la butaca, que al final es la única razón por la que uno paga la entrada a ver una serpiente de veinte metros.”Verónica Cardozo, Cultura y espectáculos
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Verónica CardozoCultura y espectáculos

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