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JUE, 24 SEPT 2026
Entretenimiento

Una animación que viaja de la mano de la amistad y la memoria

La nueva película de DreamWorks dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado lleva a Raissa y Jo por mundos fantásticos atravesados por la separación y los recuerdos compartidos, con la cultura filipina como telón de fondo.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · 23 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Imaginate la primera vez que te separás de alguien querido: el ruido del portón cerrándose, el eco de las risas que se fueron, y de pronto un mapa dibujado en un cuaderno que parece una puerta hacia todo lo que viviste. Esa sensación, esa especie de vértigo cálido, es la que mueve a «La isla olvidada», la película animada de DreamWorks que tiene a Filipinas como escenario y a dos amigas como protagonistas. Yo la vi con esa media sonrisa que te queda cuando una historia no necesita grandes golpes de efecto para conmover: le bastan los recuerdos.

Dos amigas, un viaje y una separación

La historia arranca con un punto de partida que a cualquiera le suena familiar: la amistad entre dos adolescentes obligadas a separarse. Raissa y Jo cargan con todo lo que compartieron y, a partir de ahí, la película construye un recorrido fantástico donde los recuerdos funcionan casi como un mapa emocional. No es una aventura cualquiera: es la manera que tienen ellas de volver a encontrarse con lo que fueron juntas. Esa decisión de poner el vínculo en el centro es, a mi criterio, lo más arriesgado y lo más lindo del film.

Durante el viaje, las protagonistas saltan de un mundo a otro y se cruzan con distintos personajes. Lo que empieza como una dupla se transforma, despacio, en un grupo donde cada uno va armando su propio lazo. Y mientras tanto, una villana las persigue y suma un conflicto que se entrelaza con la acción y los giros de la trama. La dinámica se parece bastante a la de «Kung Fu Panda», donde los directores venían trabajando ese equilibrio entre humor, acción y corazón.

Una mirada muy filipina

Hay algo que me llamó la atención desde el primer minuto: la decisión de arraigarse en una identidad cultural concreta. La dirección de Joel Crawford y Januel Mercado –este último de origen filipino– se nota en los detalles: las costumbres, los paisajes, los gestos de los personajes secundarios. Todo respira Filipinas. Y eso, en un mercado animado dominado por referencias genéricas, es un hallazgo. Me hizo pensar en esas películas que cuando las ves sabés exactamente de dónde vienen, como pasaba con «Coco» y su México entrañable.

La propuesta visual tampoco se queda quieta: mezcla estilos de animación, se da permiso para movimientos de cámara ambiciosos y se apoya mucho en el humor físico y los gags visuales. El ritmo es rápido, los escenarios cambian seguido y las situaciones disparatadas se encadenan una tras otra. Como guiño cinéfilo, la película cuela referencias a series de los años ochenta dentro de ese universo fantástico, que los más grandes vamos a cazar al vuelo y que a los más chicos les va a volar por encima sin que pierdan nada.

Lo que cuenta cuando la fantasía se apaga

Pero debajo de la pirotecnia, la película se anima a hablar de temas que pesan: la separación, el trauma, el valor de las cosas que viviste con alguien. Los personajes no son heroicos todo el tiempo; se muestran con sus errores, sus dudas, sus zonas grises. Eso le saca brillo al relato en el mejor sentido: lo hace más humano. La relación entre Raissa y Jo concentra el desarrollo sentimental, y ese tramo final es el que más espacio le da a la emoción sin necesidad de grandilocuencia.

Si me preguntás a mí, te digo que «La isla olvidada» es una de esas películas pensadas para ir al cine con la familia y salir hablando del tema. No es solo una aventura adolescente: es una historia sobre lo que queda cuando un vínculo cambia, sobre esos recuerdos que viajan con uno incluso cuando la persona ya no está al lado. Hay una palabra en guaraní, «ñeñotavy», que describe ese estado de extrañamiento que sentimos cuando algo familiar se transforma: bueno, eso es lo que atraviesa toda la película. Y termina dejando, como buenas historias, una sensación de que vale la pena volver a juntarse con quienes queremos, aunque sea en la memoria.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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