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VIE, 06 NOV 2026
Entretenimiento

Un mismo salón, dos westerns: el decorado que Leone reutilizó entre 1968 y 1973

El espacio donde Ninguno conversa con Don John en Mi nombre es Ninguno ya había servido de escenario en Hasta que llegó su hora, cinco años antes.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 2 min
Un mismo salón, dos westerns: el decorado que Leone reutilizó entre 1968 y 1973

Imaginate un salón de paredes de ladrillo blanco, columnas de madera que se levantan hacia un balcón elevado y lámparas que cuelgan del techo como si estuvieran esperando que alguien las prenda. Ese mismo escenario, con el polvo del desierto colándose por las puertas, es el que muchos espectadores vieron en la película de 1973 sin imaginar que tenía un pasado propio.

Mi nombre es Ninguno, dirigida por Tonino Valerii y protagonizada por Terence Hill y Henry Fonda bajo la producción de Sergio Leone, sigue al joven Ninguno mientras admira al pistolero retirado Jack Beauregard y lo arrastra a una serie de enfrentamientos. El tono de humor e ironía la distinguió de los títulos más solemnes del spaghetti western y la convirtió en un clásico del género.

Una subasta antes de la charla

El salón en el que Ninguno mantiene una conversación con el pistolero Don John, alrededor del minuto 52, ya había sido utilizado cinco años antes en Hasta que llegó su hora. Esa película, dirigida por Leone en 1968, reúne a Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson, y allí el mismo edificio funciona como escenario de la subasta en la que el personaje de Cardinale disputa su propiedad bajo la presión de los hombres del villano Frank.

Por qué el decorado se repite

La explicación que se da es de producción: Leone produjo ambas películas, y eso habría llevado al equipo a recurrir al mismo decorado. El espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra, pero conserva elementos suficientes para que el vínculo sea verificable.

  • Paredes de ladrillo blanco
  • Columnas de madera
  • Balcón elevado
  • Lámparas colgantes en el techo

Lo que más me llama la atención es cómo un mismo lugar cambia de carácter según la historia que se cuente. En 1968 la escena carga con tensión dramática y violencia implícita; en 1973 ese mismo salón alberga un intercambio cómico entre dos pistoleros. Son registros opuestos dentro de un mismo género, unidos por la figura de un productor que, en palabras del propio material, moldeó buena parte del western italiano de esa época. Para mí, descubrir ese hilo invisible entre dos películas es una forma de volver a mirarlas con otros ojos.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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