Seychelles en clave de viaje: cómo llegar, cuánto gastar y qué no perderse
Un archipiélago del Índico a unos 1.500 kilómetros de Kenia, con playas de granito, un bosque Patrimonio de la Humanidad y casi la mitad del territorio protegido como reserva natural.
Imaginate caminar por una playa de granito antiguo mientras una tortuga gigante cruza el sendero frente a vos. Así arranca la experiencia en Seychelles, un archipiélago a unos 1.500 kilómetros de la costa de Kenia, donde casi la mitad del territorio es reserva natural.
Cómo llegar y cómo moverse entre islas
Hay vuelos de conexión desde Buenos Aires. Mahé es la puerta de entrada obligada, porque ahí está el aeropuerto internacional. Desde Mahé se llega a Praslin en quince minutos en avioneta, desde 120 dólares por tramo, o en una hora en catamarán, desde 65 dólares. Para ir de Praslin a La Digue, en cambio, el ferry demora quince minutos.
Mahé: mercado, montaña y playas
Victoria es una de las capitales más pequeñas del mundo y se recorre en una mañana. El mercado central vale la visita, sobre todo los sábados, cuando los pescadores acomodan atunes, pargos y pulpos desde temprano. En el interior, el Parque Nacional Morne Seychellois llega a los 905 metros, y la caminata a Copolia, de algo más de una hora, termina en una cúpula de granito con plantas carnívoras en las grietas y vista al mar.
Cuánto cuesta sumar cada actividad
- Fábrica de té de Morne Blanc: alrededor de 3,50 dólares.
- Destilería Takamaka, con degustación de ron artesanal: 9 dólares.
- Excursión que combina ambas visitas: unos 200 dólares por persona.
- Entrada al Vallée de Mai, en Praslin: 31 dólares.
- Alquiler de bicicleta en La Digue: desde 7 dólares.
Praslin y La Digue, a otro ritmo
En Praslin, el Vallée de Mai es un bosque de 19 hectáreas declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983, donde crece la palma de coco de mar, cuya semilla puede pesar hasta 25 kilos. Si buscás algo más tranquilo, Anse Georgette tiene acceso controlado y menor afluencia. La Digue, con apenas diez kilómetros cuadrados, casi no tiene autos circulando, y en bicicleta se llega a Anse Source d'Argent.
Son islas que invitan a bajar un cambio, y ahí está buena parte de su encanto.
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