San Antonio de Areco, más allá del gaucho: un pueblo donde la artesanía de autor se reinventa en cada taller
A poco más de cien kilómetros de Buenos Aires, plateros con oficio de décadas conviven con joyeros formados en el exterior, mientras el pueblo estrena una galería al aire libre. Cómo llegar, dónde dormir y cuánto cuesta.
Si te subís al micro en Retiro con destino a San Antonio de Areco, en menos de dos horas vas a estar pisando una calle de tierra donde el olor a asado se mezcla con el ruido de un martillo sobre la plata. A 113 kilómetros de Buenos Aires, este pueblo de la pampa bonaerense sigue cargando con la pesada herencia literaria que le dejó Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, pero te asegura que hay mucho más para descubrir que pulperías y jinetes. En los últimos años se fue armando un circuito de talleres artesanales que funciona como una segunda columna vertebral del pueblo: joyeros de autor, diseñadores textiles y plateros con cuatro décadas de oficio conviven en un mismo radio de pocas cuadras, muchos de ellos en casas que también son showroom, atendidas por sus propios dueños.
Para moverte desde la Ciudad de Buenos Aires, los pasajes en bus salen desde unos 14.000 pesos por persona, con frecuencias regulares desde la terminal de Retiro. Si preferís manejar, son alrededor de una hora y media por la Ruta 8 y después la Ruta 41. En el pueblo vas a encontrar opciones de alojamiento para todos los gustos: hay un hotel cuatro estrellas desde 229.000 pesos la noche, aunque también hay posadas con encanto más económico y cabañas para familias.
Plateros de toda la vida y la herencia familiar del oficio
Juan Patricio Draghi lleva más de cuatro décadas en el oficio y conoce el pueblo como la palma de su mano. Su padre abrió una joyería en Areco en los años cincuenta y fue incorporando la platería a través de distintos aprendizajes. Juan Patricio se subió al banco del taller a los doce años; hoy, uno de sus hijos también trabaja ahí, lo que convierte al lugar en una pequeña dinastía de plateros. Cuando le pregunto por qué alguien debería elegir una pieza hecha a mano en lugar de una importada, no esquiva la respuesta: en el mercado uno puede encontrarse con un producto similar al que uno hace. Para un comprador no experimentado puede resultar lo mismo un producto fabricado en India o China, que saca 30 por minuto de una cinta transportadora, y otro que a mí me lleva una semana de trabajo. Para él, la diferencia no está solo en la técnica sino en la identidad: uno quiere tener una identidad a través del producto acabado, que tenga tu impronta.
La mirada joven: formación afuera y vuelta al pueblo
A pocas cuadras del taller de Juan Patricio, María Belén Draghi se instaló con su propio proyecto de joyería de autor. Hija del platero y maestro soguero Raúl Draghi, volvió al taller paterno después de años de formarse en la India, Ecuador y otros destinos, y trae una mirada contemporánea especializada en piedras y esmaltes. Es de las que defiende el valor de lo imperfecto: la plata es el metal más bonito del planeta, y pese al avance de la tecnología, la gente en algún punto va a seguir buscando el detalle, la imperfección, la manito y el alma detrás de las cosas.
Diseño textil y la sorpresa japonesa en el medio de la pampa
Si te alejás del centro y caminás unas pocas manzanas más, te vas a topar con Mica Suide, que llegó a Areco en 2021 y desde entonces trabaja estampado textil bajo la marca Agave. Tiene antecedentes en Japón y una fascinación genuina por las prendas gauchescas que descubrió durante las Fiestas de la Tradición. Con el tiempo fue incorporando boinas, pantalones gauchescos y alpargatas a su línea, elaboradas principalmente con algodón y lino. Está convencida de que con el tiempo será cada vez más valioso que te compres una prenda y la veas pintada a mano y hasta con una mancha.
La galería a cielo abierto y una alternativa menos conocida
Además del circuito de talleres, Areco estrenó hace poco una galería de arte a cielo abierto que invita a caminar el pueblo con otros ojos. Y si te gusta escaparte de las recorridas típicas, una alternativa menos conocida es visitar el Parque Criollo y el Museo Ricardo Güiraldes en horas de la siesta, cuando casi no hay turistas y se escuchan únicamente los pájaros y algún que otro relincho. Te vas a sentir en el Areco de antes, ese que todavía respira campo en serio.
Cuándo conviene ir y algunos datos útiles
- Mejor época para ir: entre septiembre y noviembre, cuando la primavera pinta el pueblo de verde y todavía no llegan las multitudes del verano; también durante la Fiesta de la Tradición, en noviembre, aunque hay que reservar alojamiento con anticipación.
- Pasaje en bus desde Retiro: desde 14.000 pesos por persona.
- Hotel cuatro estrellas: desde 229.000 pesos la noche.
- Cómo llegar en auto: por Ruta 8 hasta Pergamino y luego Ruta 41, o por Ruta 6 y 41.
- Qué comprar: una pieza de platería de los Draghi, una prenda estampada de Agave o una boina con costura a mano, con la conciencia tranquila de saber que atrás hay semanas de trabajo real.
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