Péptidos bajo la lupa: cuando la misma palabra envuelve promesas muy distintas
Un médico deportólogo de Nueva York explicó por qué los resultados obtenidos con medicamentos como la semaglutida no pueden trasladarse a otros compuestos que se venden para recuperar músculo o bajar de peso, y qué es lo que todavía falta saber sobre esas propuestas experimentales.
El consultorio queda en penumbras mientras la pantalla del ordenador empieza a parpadear con carpetas de historiales clínicos. Ahí, entre estudios de laboratorio y resonancias, Jordan D. Metzl, especialista en medicina deportiva del Hospital for Special Surgery de Nueva York, vuelve a abrir la pestaña donde se acumulan publicaciones sobre compuestos que llevan el rótulo de péptidos. Lo que encuentra lo preocupa: la misma palabra se usa para describir desde medicamentos con décadas de uso clínico hasta sustancias que apenas salieron del laboratorio y que se ofrecen en internet y en espacios de recuperación física con promesas que, en muchos casos, todavía no fueron demostradas.
Una etiqueta común, compuestos muy diferentes
Los péptidos son secuencias cortas de aminoácidos, los ladrillos con los que se construyen las proteínas. Algunos, como la semaglutida, cuentan con ensayos clínicos amplios y están aprobados para tratar la obesidad o la diabetes. Sin embargo, otros nombres que suenan cada vez más seguido en redes sociales y en gimnasios, entre ellos BPC-157, TB-500, CJC-1295 e ipamorelina, circulan con promesas de recuperación muscular, alivio de molestias o pérdida de grasa sin contar con ese mismo volumen de evidencia.
Metzl, a quien consulté para esta nota, fue categórico al describir el escenario: parte de lo que se dice sobre esos productos experimentales proviene de pruebas con animales, de trabajos de laboratorio o de investigaciones pequeñas con personas. Esos estudios sirven para generar hipótesis, pero no alcanzan para responder preguntas elementales como si el compuesto genera un efecto clínico real, en qué dosis debería usarse o qué consecuencias podría tener su consumo durante años. Los testimonios virales en redes sociales, agregó el médico, tampoco reemplazan a esos estudios.
“Compartir una denominación no significa ofrecer los mismos beneficios.”Jordan D. Metzl
Lo que muestra un ensayo de 2024 sobre obesidad y dolor de rodilla
- El estudio comparó semaglutida con placebo durante 68 semanas en personas con obesidad y artrosis de rodilla que presentaban dolor moderado o intenso.
- La pérdida de peso promedio fue del 13,7 por ciento entre quienes recibieron el medicamento, frente al 3,2 por ciento del grupo placebo.
- Los participantes tratados con el medicamento mostraron mejores resultados en dolor y función física que el otro grupo.
Esos hallazgos, sin embargo, corresponden a una población y a un tratamiento concretos. No demuestran que cualquier péptido tenga efectos equivalentes ni que las promesas que circulan en redes sobre recuperación o composición corporal estén respaldadas por la misma evidencia. Metzl también recordó la preocupación de la FDA, la autoridad estadounidense que regula medicamentos, por la falta de información de seguridad sobre muchos de estos compuestos. La escena vuelve a quedar en silencio, con el zumbido del aire acondicionado de fondo y la sensación de que, detrás de una moda que crece en las redes, todavía faltan respuestas que la ciencia ni siquiera se apuró a buscar.
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