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MAR, 22 SEPT 2026
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Lizzie Borden vuelve al centro de la escena: la nueva entrega de la antología “Monstruo” que reaviva el mito de “la loca del hacha”

Con Ella Beatty como protagonista, la miniserie de ocho episodios se sumerge en el caso criminal más resonante del siglo XIX estadounidense y debuta con números fuertes en la plataforma.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 22 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Hay algo en la imagen de un hacha apoyada contra una pared de madera oscura, en esa cocina de fines del siglo XIX, que todavía hoy nos pone la piel de gallina. Esa sensación mezcla de morbo y fascinación es la que vuelve a poner en marcha la maquinaria de la antología “Monstruo”, que en su nueva entrega se anima con uno de los casos más famosos de la crónica policial estadounidense: el doble asesinato del padre y la madrastra de Lizzie Borden, en Fall River, Massachusetts, en agosto de 1892. La serie, que lleva por título “Monstruo: La historia de Lizzie Borden”, ya está disponible en Netflix y promete reavivar un debate que lleva más de un siglo abierto.

Una protagonista con apellido ilustre y un caso con siglos de arrastre

El papel central está en manos de Ella Beatty, hija de los actores Warren Beatty y Annette Bening, que se carga al hombro la tarea de darle cuerpo a una figura tan mitificada como la de Borden, conocida popularmente como “la loca del hacha”. La actriz ya había pasado por la pantalla en “Feud: Capote vs. The Swans”, también creada por Ryan Murphy, así que no le es ajena la lógica de estas series de autor que mezclan archivo, reconstrucción de época y mirada contemporánea sobre el mal.

La propuesta es clara: miniserie de ocho episodios, basada en hechos reales, centrada en una mujer que fue la única sospechosa de un crimen doble que sacudió a la sociedad de su época y que, aunque fue absuelta en el juicio, nunca terminó de sacudirse ese mote que la acompañaría por el resto de sus días.

  • Formato: miniserie.
  • Cantidad de capítulos: ocho.
  • Tema central: caso criminal real, con Lizzie Borden como única sospechosa del asesinato de su padre y su madrastra.

Una antología que ya tiene su propio canon

La entrega se inscribe dentro de la franquicia que Murphy e Ian Brennan vienen cocinando desde hace varios años. La primera fue “Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer”, a la que siguieron las dedicadas a los hermanos Lyle y Erik Menéndez y, más recientemente, la de Ed Gein. Cada temporada funciona como una pieza independiente, pero comparten una misma obsesión: volver sobre crímenes que dejaron huella en la cultura popular y revisarlos con una lente que combina el policial, el drama de época y, muchas veces, una lectura más sensible sobre las víctimas y los entornos.

“La serie se mete de lleno con uno de los casos más famosos de la crónica policial estadounidense: el doble asesinato del padre y la madrastra de Lizzie Borden en 1892.”Línea de apertura de la producción

Los números del debut: fuerte, pero no líder

Según los datos que difundió Netflix, la serie arrancó con 12,1 millones de visualizaciones en su primer fin de semana y se trepó al primer puesto de la plataforma en 60 países. Es un arranque potente, sin dudas, pero la comparación interna muestra que es la cifra más baja de las cuatro entregas de la franquicia. Para tener dimensión: la historia de Jeffrey Dahmer había debutado con 22 millones; la de los Menéndez, en 2024, con 12,3 millones; y la de Ed Gein, con 12,2 millones. Es decir, la de Lizzie Borden queda apenas por debajo de las dos más recientes, pero muy lejos del fenómeno que significó la primera.

La crítica, más fría que el público

Si el termómetro de la audiencia marca un arranque sólido, el de la crítica aparece bastante más exigente: en Rotten Tomatoes la serie reúne apenas un 42% de reseñas positivas, lo que la deja como la segunda entrega peor valorada de la franquicia, solo por encima de la dedicada a Ed Gein. La distancia entre el interés del público y la recepción especializada es, en sí misma, un dato interesante: confirma que estas producciones siguen funcionando como fenómeno de consumo masivo, aunque no necesariamente como unanimidades entre los críticos.

Un cierre en primera persona, con permiso del mito

Che, y voy con la mía: hay algo que me atrapa de volver sobre Lizzie Borden en pleno siglo XXI, casi 130 años después de aquellos hachazos que conmocionaron a Fall River. Será porque el caso, bien mirado, es un anticipo de eso que hoy llamamos violencia de género en el seno del hogar, de la sospecha que siempre recae sobre la mujer cuando hay sangre de por medio, y de la fascinación malsana que como sociedad seguimos teniendo con los crímenes de “nena buena”. La palabra en guaraní que me queda rondando es “yvy”, que en castellano significa tierra o país, porque estas historias también hablan del suelo que las vio nacer: una América todavía en formación, con sus puritanismos a cuestas y sus diarios sensacionalistas inflando el misterio. Me quedo con la sensación de que esta nueva entrega de “Monstruo” no agota el caso, sino que lo enciende otra vez, y eso, para una serie que se propone revisitar el pasado, ya es mucho más de lo que uno esperaba. Me quedo, en lo personal, con ganas de volver a leer las crónicas de la época para ver cuánto cambió nuestra mirada y cuánto sigue clavada en el mismo hacha.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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