León XIV se recupera en el Gemelli y la gira por el Cono Sur queda atada a la decisión de sus médicos
A dos días de la cirugía que le extrajo un nódulo maligno del pulmón derecho, el pontífice ya camina, hace fisioterapia y almorzó en su habitación. Los cirujanos advirtieron que volar antes de tiempo podría ser riesgoso, y la Secretaría de Estado vaticana aclaró que la palabra final la tendrán los especialistas.
Son las primeras horas de la tarde en la décima planta del hospital Gemelli de Roma, y por el pasillo del ala donde el Papa se encuentra internado se percibe ese murmullo entre y religiosas que sobrevuela cualquier piso reservado a una autoridad de la Iglesia: pasos discretos, teléfonos en modo vibrador y el sonido metálico de una bandeja con el almuerzo que alguien deja en la puerta. León XIV cumplió este jueves su segundo día de posoperatorio y, según el parte firmado por los cirujanos Luigi Carbone y Stefano Margaritora, la radiografía de tórax arrojó una imagen alentadora: el pulmón derecho, intervenido el martes para extraer un nódulo maligno, muestra una buena recuperación. El pontífice, según fuentes del Vaticano, pasó buena noche, retomó la alimentación habitual y completó su primera sesión de fisioterapia respiratoria en la habitación.
Lo que se sabe hasta ahora de la operación es bastante concreto, y conviene repasarlo porque ayuda a dimensionar qué es lo que viene. El equipo quirúrgico realizó una lobectomía inferior derecha por vía videoasistida, es decir, retiró el lóbulo comprometido del pulmón derecho a través de pequeñas incisiones y con ayuda de una cámara, una técnica menos invasiva que la cirugía abierta. El procedimiento en sí demandó cerca de noventa minutos, y el tiempo total dentro del quirófano, incluyendo la anestesia y el despertar, fue de alrededor de tres horas. El examen histológico practicado durante la intervención confirmó el diagnóstico que ya sugerían los estudios previos: se trataba de un adenocarcinoma pulmonar. Los médicos remarcaron que no hubo complicaciones y que el Papa despertó sin dificultades, dos datos que, en el lenguaje clínico, suelen ser los primeros indicadores de que el camino empieza bien.
La rehabilitación, día a día
- Miércoles: comenzó a caminar por la habitación y completó ejercicios de fisioterapia respiratoria y motora. Retomó el desayuno y el almuerzo.
- Jueves por la mañana: el parte diario confirmó que pasó bien la noche y que continuaba con su rutina dentro del piso reservado.
- Jueves por la tarde: concelebró una misa en un espacio acondicionado dentro del propio hospital, un gesto que el Vaticano destacó como señal de normalidad.
- Próximos pasos: la internación prevista es de aproximadamente una semana, siempre sujeta a cómo evolucione el cuadro.
Ahora bien, si hay un punto que mantiene en vilo no solo a la Santa Sede sino también a las cancillerías de Uruguay, Argentina y Perú, es la gira que León XIV tenía prevista por la región. El cirujano Edoardo Mercadante, uno de los profesionales que sigue al pontífice, lo explicó con una imagen bastante gráfica: las variaciones de presurización dentro de la cabina de un avión pueden provocar que cualquier resto de aire que haya quedado en el tórax se expanda, y eso, en un pulmón recién operado, abre la puerta a un colapso. No es un riesgo menor: es exactamente la complicación que los equipos de cirugía torácica intentan evitar cuando recomiendan, como en este caso, no subir a un avión hasta tanto el tejido cicatrice y los controles por imagen lo autoricen.
“Si todo va bien y la situación se desarrolla como se predijo inicialmente, el viaje se llevará a cabo. La decisión final corresponde a los especialistas.”Cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano
Por eso, en el Vaticano nadie se anima hoy a confirmar ni a descartar fechas. El cardenal Pietro Parolin, que suele hablar en nombre de la Secretaría de Estado, dejó la puerta abierta pero con un condicionante clínico explícito: el viaje se hará si los médicos lo consideran prudente. Lo que sí está definido es el orden de los factores: primero, la recuperación; después, la decisión de los especialistas; finalmente, la agenda. Mientras tanto, en la décima planta del Gemelli, el Papa sigue cumpliendo con los pequeños rituales de cualquier posoperatorio en ese hospital: caminar aunque sea unos pasos, respirar hondo bajo la supervisión de los kinesiólogos y, cuando puede, celebrar la misa en un rincón adaptado del piso. Es ese el termómetro real, más allá de los partes: una rutina que, día a día, va volviendo a su sitio.
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