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DOM, 04 OCT 2026
Turismo

Garbanzos al horno con tahini: la ensalada templada que se arma en menos de una hora

Una preparación con verduras y un aderezo de sésamo que se puede servir con hojas verdes, cereal o crackers, según el hambre que tengas.

JL
Josefina LedesmaTurismo · · lectura 2 min
Garbanzos al horno con tahini: la ensalada templada que se arma en menos de una hora

Imaginá esto: llegás a la cocina con pocas ganas de complicarte, abrís la heladera y ves un pote de garbanzos cocidos, un par de zanahorias y el clásico verdeo que nunca falta. Con eso y un poco de tahini, ya tenés una comida redonda. La propuesta es una ensalada templada que va al horno, se termina con una salsa cremosa de sésamo y se come tibia, cuando el contraste entre lo crocante de la verdura y la suavidad del aderezo se disfruta mejor.

Cómo se arma la parte del horno

La idea es simple y se hace en una sola fuente. Ponés los garbanzos en el centro y, alrededor, distribuís láminas finas de zanahoria y la cebolla de verdeo picada. Encima espolvoreás pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, y sumás dos cucharadas de aceite de oliva. Después viene el paso clave: mezclar bien para que cada legumbre y cada rodaja de zanahoria quede impregnada con los condimentos.

La fuente va al horno durante 30 minutos, con un pausa a los 15 para revolver. Un detalle a tener en cuenta: la receta no precisa la temperatura, así que te conviene guiarte por tu horno habitual para verduras asadas, que suele andar entre los 180 y los 200 grados. Mientras tanto, preparás el aderezo en un bol aparte.

La salsa de tahini, el alma del plato

En un bol chico mezclás la pasta de tahini con jugo de limón, un chorrito de salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Sumás agua caliente y batís con ganas. Al principio puede parecer que se cortó, pero insistí unos segundos más: la preparación se emulsiona, se vuelve cremosa y toma un color blanquecino que es la mejor señal de que está lista.

Cuando la fuente sale del horno, volcás la salsa sobre los garbanzos y las verduras, mezclás con cuidado para no romper las láminas de zanahoria, y terminás con pimienta negra recién molida y un hilo de aceite de sésamo. Eso le da el aroma tostado que distingue a la preparación.

La guinda es un espolvoreado de semillas de sésamo por encima, que se puede sumar al servir. Aporta textura y un punto crocante que combina perfecto con la cremosidad del tahini.

Cuándo conviene prepararla

Esta ensalada es una gran aliada del otoño y del invierno, cuando uno busca platos calientes pero sin caer en guisos pesados. También funciona muy bien en primavera, servida tibia y no caliente, acompañando una mesa al aire libre. El precio de referencia es amable: con un pote de garbanzos cocidos, dos zanahorias, un atado de verdeo y un frasco de tahini salen entre cuatro y seis porciones, con un costo estimado por plato que ronda los 1500 a 2500 pesos argentinos, dependiendo de las marcas y la zona. Para conseguir tahini en Buenos Aires, las dietéticas del barrio de Once y las ferias de productos naturales suelen tener buenas opciones a mejor precio que los supermercados grandes.

JL

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