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MIÉ, 14 OCT 2026
Vida

El hombro roto y el galpón que no quiso reacomodar a un embalador: la Justicia le dio la derecha al operario

La Cámara de Apelaciones de Neuquén confirmó que la cooperativa de fruta que le dijo "no hay nada para vos" después de una lesión debía indemnizarlo. Seis compañeros contaron que sí había tareas livianas; la empresa nunca lo pudo demostrar.

EB
Elena BianchiSociedad · · lectura 4 min
El hombro roto y el galpón que no quiso reacomodar a un embalador: la Justicia le dio la derecha al operario

Son las siete de la mañana en un galpón de empaque del Alto Valle y todavía se escucha el rumor de las cajas armándose sobre las cintas. Adivino a un embalador de unos cincuenta y tantos, con el buzo de la cooperativa y un gesto cansino, mirando de reojo el hombro derecho que se le viene arrastrando desde 2021. Esa imagen, repetida miles de veces en las chacras neuquinas, es la que terminó en los tribunales laborales de la provincia y la que, cuatro años después, le terminó dando la razón al operario y no a la empresa.

El protagonista de esta nota es Jorge, un embalador de primera categoría que entró a trabajar a una cooperativa frutícola del Alto Valle en enero de 2011. Más de una década cargando peras y manzanas, sin sanciones, hasta que en agosto de 2021 el hombro derecho dijo basta. La ART lo tuvo a tiro durante ocho meses y, en abril de 2022, le extendió el alta con una restricción que cambiaba todo: podía volver, siempre y cuando no levantara peso. Cargar cajas, la tarea central del galpón, quedaba afuera de su nueva realidad.

El "no hay puesto" que la Justicia no se creyó

Con el alta en la mano, Jorge mandó un telegrama pidiendo reincorporarse. La cooperativa respondió por carta documento, reconoció la lesión y la limitación médica, pero agregó una frase que iba a ser clave en el juicio: dijo que no tenía ningún puesto disponible que se ajustara a esa restricción. Jorge insistió por escrito, esta vez detallando en qué sectores del galpón podía desempeñarse. La respuesta fue, otra vez, la misma. Cansado, se consideró despedido en forma indirecta, una figura legal que le permite al trabajador cortar el vínculo cuando siente que la patronal no le dejó otra salida.

Lo que pasó después fue lo que torció la historia. En el juicio oralizaron seis compañeros de Jorge. Describieron con nombre y apellido tres tareas concretas que no requerían levantar peso: el sellado de etiquetas, el fichado de cajas con engrudo y el colgado en el sector que los propios operarios llaman "el aéreo", una estructura elevada donde las cajas se cuelgan en vez de cargarse al hombro. Varios coincidieron en algo que para los jueces fue determinante, y es que cuando alguien se lastimaba o no podía cargar peso, la cooperativa lo reubicaba en alguna de esas funciones. Uno de los testigos fue más lejos todavía: aseguró que al menos cuatro embaladores habían sido pasados a otros puestos en situaciones parecidas.

“Cuando una empresa alega que no tiene puesto disponible para alguien con limitaciones de salud, es ella la que debe demostrarlo. La cooperativa no lo hizo.”Juez Luis Trani, titular del Juzgado Laboral N°3 de Neuquén

La condena y lo que todavía se discute

El juez Luis Trani, del Juzgado Laboral N°3 de Neuquén, calificó esos testimonios como "coherentes, ordenados y concordantes" y concluyó que la cooperativa tenía posibilidades reales de reubicar a Jorge y eligió no hacerlo. En su fallo dejó escrita una regla que en los pasillos de los tribunales laborales se repite cada vez más: no alcanza con decir que no hay lugar, hay que probarlo. La Cámara de Apelaciones confirmó después ese criterio y la condena quedó en 676.751 pesos más intereses calculados desde 2022, un monto que, según trascendió, estaba muy por debajo de los más de cuatro millones que originalmente se habían reclamado en la demanda y que dejó conforme a medias a las dos partes.

  • El operario ingresó como embalador de primera en enero de 2011 y nunca tuvo sanciones en más de una década.
  • Se lesionó el hombro derecho en agosto de 2021 mientras cargaba fruta en el galpón.
  • La ART le dio el alta en abril de 2022 con la condición de que no levantara peso.
  • La cooperativa respondió con carta documento: reconoció la restricción pero dijo que no tenía tareaslivianas para ofrecerle.
  • Seis compañeros declararon en el juicio y describieron al menos tres tareas sin esfuerzo de carga: sellado de etiquetas, fichado con engrudo y colgado en el sector elevado.
  • La condena quedó en 676.751 pesos más intereses desde 2022, lejos de los más de cuatro millones que se habían pedido originalmente.

Vuelvo al galpón de las siete de la mañana y a ese rumor de cajas que arranqué al principio. Cada vez que una cooperativa del Alto Valle decide que "no hay puesto" para un embalador con el hombro nuevo, lo que está decidiendo, en realidad, es si le cree a sus propios operarios. Esta vez, la Justicia neuquina le creyó a Jorge y a sus seis compañeros, y le marcó la cancha a un sector que suele apurarse a cerrar puertas en lugar de buscar acomodos. El hombro todavía le molesta, la indemnización todavía se discute, pero la sentencia ya está firmada: en el galpón siempre hubo un lugar, lo que faltó fue voluntad.

EB

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