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MAR, 22 SEPT 2026
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El Coyote se anima a un juicio: la película que lo pone a declarar junto a Will Forte

Con más de 90 minutos de metraje y una mezcla entre animación y actores reales, el filme rescata la lógica de los cortos del Coyote y la estira en una historia de perseverancia, intentos fallidos y tribunales. Hay humor físico, algo de drama legal y un duelo de opuestos que se parecen más de lo que admiten.

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Verónica CardozoCultura y espectáculos · 22 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo imagino a la perfección: el Coyote parado frente al estrado, con esa expresión de pocos amigos que ya conocemos desde que éramos chicos, mirando al juez por encima de la carpeta de Acme y la pila de planes desbaratados a sus espaldas. La imagen, de arranque, ya avisa qué clase de película es esta. Se llama Coyote vs. Acme, dura algo más de 90 minutos y se anima a algo que los cortos originales nunca pudieron: darle tiempo al personaje para que se explique, se enoje y, sobre todo, se banque un juicio entero.

No es la primera vez que los Looney Tunes se cruzan con el mundo real en formato largo. Space Jam los juntó con Michael Jordan y Looney Tunes: De nuevo en acción repitió la fórmula con humanos como eje del conflicto y los dibujos animados como motor del caos. La diferencia con esta nueva entrega es que, en lugar de un jugador de básquet o un actor prototípico de Hollywood, el partenaire elegido es Will Forte, un comediante que ya se probó el traje del antihéroe despistado en films como MacGruber. Esa elección le cambia el tono al relato: no estamos ante una aventura deportiva, sino ante una historia que, sin abandonar el slapstick clásico, se permite articular una búsqueda de justicia con varios recursos del cine de juicios.

La perseverancia como motor

El Coyote lleva décadas aplicando la misma lógica: diseñar un plan, ejecutarlo, fracasar y volver a empezar. Esa insistencia, en los cortos de apenas siete minutos, funcionaba como un chiste que se reinicia. Aquí, en cambio, los mismos tropiezos sirven para construir algo distinto: un recorrido que da entidad al protagonista y le permite tomar una decisión central, la de seguir adelante. Las caídas, los golpes y los accidentes que desafían la gravedad no están únicamente para hacer reír: son también el lenguaje con el que el personaje dice lo que no puede poner en palabras.

El otro eje del filme es su compañero humano, al que Forte le imprime un ritmo de tipo común, algo perdedor, bastante entrañable. Aunque el Coyote opera con reglas de la animación y Forte se maneja con las del mundo real, los conflictos de uno y otro se espejan más de lo que parece. Esa zona en común es el lugar donde la película construye su vínculo principal, y también donde mejor se nota la mano de los guionistas: la gracia está en mostrar que, debajo de las diferencias obvias, los dos comparten la costumbre de insistir aun cuando la realidad los invita a tirar la toalla.

  • Dura más de 90 minutos, un salto de escala enorme frente a los cortos clásicos.
  • Combina animación con actores reales, en la línea de Space Jam y De nuevo en acción.
  • El Coyote es el protagonista absoluto y la trama se organiza alrededor de sus planes que salen mal.
  • El personaje de Will Forte es su contraparte humana y juntos sostienen la historia.
  • La película incorpora elementos del cine de juicios: hay búsqueda de justicia, testigos y vericuetos legales.
  • La perseverancia y los intentos fallidos funcionan como motor emocional, además de cómico.

Una fórmula estirada

Coyote vs. Acme estira hasta el infinito una fórmula que durante años se desplegó en cortos de pocos minutos: un plan, un obstáculo inesperado y la decisión de volver a empezar. Lo que en los cortos era loop infinito ahora es arco, y eso obliga a los guionistas a tomar decisiones. La película resuelve esa apuesta apoyándose en el humor físico del personaje animado, pero también en el peso dramático del juicio. Esa mezcla es la que justifica que la historia dure más de una hora y media y no se sienta como un corto inflado.

Me quedo pensando, ya en tono de confesión, que lo más simpático de la propuesta es lo que dice en voz baja sobre la terquedad. El Coyote insiste porque no le queda otra, y eso, traducido al lenguaje de cualquier adulto que haya peleado contra un trámite, una hipoteca o un amor difícil, suena muy familiar. En guaraní, esa obstinación se resume con la palabra jepyré, que se usa para nombrar a quien vuelve a empezar una y otra vez sin rendirse. La película, sin decirlo, le pone a esa idea la cara del Coyote y las manos a un personaje humano que entiende perfectamente de qué se trata.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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