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JUE, 01 OCT 2026
Turismo

Dormir entre barricas en un palacio del siglo XVIII que mira los miradores de Lisboa

El Palácio Ludovice reabre como hotel temático del vino en la triple frontera de Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, con 61 habitaciones, spa y una tienda de Oporto. Una guía para recorrer a pie el corazón histórico de la capital portuguesa, con salidas a Mafra y opciones de vuelo desde Buenos Aires.

JL
Josefina LedesmaTurismo · · lectura 4 min
Dormir entre barricas en un palacio del siglo XVIII que mira los miradores de Lisboa

Si te parás en la esquina del Palácio Ludovice, te das cuenta de que estás en uno de los puntos más altos de Lisboa. Del otro lado de la calle se abre el Miradouro de São Pedro de Alcântara, esa terraza con bancos y vista panorámica que es casi una clase de geografía gratuita: abajo, la Baixa rebuilt en cuadrícula tras el terremoto de 1755, y más allá, recortado contra el cielo, el castillo de São Jorge. Ahí nomás empieza este paseo.

Un palacio con pasado de orfebre, aristócrata y bodeguero

El edificio lo mandó a levantar en 1747 João Frederico Ludovice, un orfebre alemán que terminó siendo arquitecto del rey João V. Antes de convertirse en hotel, la propiedad funcionó como residencia aristocrática, consulado y, durante años, como sede del Solar do Vinho do Porto, el bar que el Instituto del Vino de Oporto tiene fuera de la ciudad. La restauración, a cargo de Miguel Câncio Martins, demandó más de diez años y recién en 2022 abrió sus puertas con 61 habitaciones. Una habitación estándar arranca, como referencia, cerca de los 200 euros la noche en temporada media, aunque el precio trepa fuerte en julio y en Semana Santa.

El hilo conductor del hotel es el vino portugués. Cada tarde los huéspedes reciben en la habitación una copa y algo para picar, y en la planta baja funciona la tienda del Instituto dos Vinhos do Douro e do Porto, donde se pueden comprar botellas de Porto y Douro para llevar. El restaurante Federico, por su parte, cruza cocina portuguesa contemporánea con fondos franceses y trabaja con la bodega del propio palacio. Hay también un spa, una rareza en hoteles boutique de casco histórico.

El recorrido a pie: de mirador en mirador sin transpirar de más

La ubicación es el verdadero lujo. Desde la puerta del hotel se puede armar una caminata de medio día sin volver a subir a un transporte. Te lo paso en orden, como lo haría un amigo que ya lo caminó.

  • Miradouro de São Pedro de Alcântara: la postal de arranque, con vista a la Baixa y al castillo. La entrada al palacio está justo enfrente.
  • Igreja de São Roque: fachada austera, tesoro adentro. La Capilla de São João Baptista fue encargada por João V en Roma y llegó a Lisboa embalada pieza por pieza.
  • Convento do Carmo: las ruinas sin techo que el terremoto de 1755 dejó como recordatorio. Está a pocos minutos cuesta abajo y vale la pena aunque no te interese la historia.
  • Rua Dom Pedro V: la arteria que conecta con el Jardim do Príncipe Real, donde un cedro del Himalaya de 150 años hace de sombrilla natural y los cafés de la plaza tientan con pastel de nata.

Si el plan se estira hasta la noche, Bairro Alto cambia de cara: los mismos adoquines que de día son tiendas y galerías, de noche se llenan de bares pequeños y tascas donde se escucha fado vadio, el de los cantores amateurs, no el de los shows pagos. La cercanía entre todos estos puntos hace que se puedan combinar en una sola jornada, aunque conviene llevar calzado cómodo: Lisboa es de las ciudades que parecen planas hasta que empiezan las cuestas.

Una alternativa menos conocida: el otro Ludovice, a 40 minutos

Para quienes ya conocen Sintra, vale la pena cambiar el guion y pegar una vuelta por el Palácio-Convento de Mafra, también obra de Ludovice. Es una mole barroca del siglo XVIII, con más de mil habitaciones, una biblioteca monumental y una de las mayores colecciones de campanas históricas de Europa. La distancia desde el hotel es de unos 40 minutos en auto, ideal para una excursión de día completo, y permite volver a dormir a Chiado sin resignar la vida nocturna de Bairro Alto.

Cómo llegar y cuándo conviene ir

Desde Buenos Aires no hay vuelos directos a Lisboa, así que hay que hacer escala. Las combinaciones más habituales pasan por São Paulo o Río de Janeiro, y las europeas que mejor conectan son Madrid, París, Frankfurt y Ámsterdam. El viaje total, contando la espera, suele moverse entre 14 y 18 horas según la ruta. La mejor época para ir es entre abril y junio, o en septiembre y octubre: los días son largos, las lomas no agotan tanto y el Atlántico todavía sirve para una escapada a Cascais o a la costa de Estoril sin que el agua esté helada. En pleno julio la ciudad se llena de turistas y los precios del hotel se van al techo. En invierno hay que sumarle lluvia y atardeceres tempranos, pero el palacio y sus bares de vino compensan.

JL

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