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MIÉ, 14 OCT 2026
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Después de medio siglo de silencios, "Los demonios" vuelve a las salas tal como Ken Russell la soñó

La versión íntegra de 114 minutos, restaurada en 4K y con escenas que la censura inglesa y estadounidense habían arrancado del filme, se proyecta desde el 16 de octubre en España. Una historia de monjas poseídas, un cura condenado a la hoguera y un director que murió sin ver su obra completa en las pantallas.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Después de medio siglo de silencios, "Los demonios" vuelve a las salas tal como Ken Russell la soñó

Che, lo que voy a contarles me sigue dando escalofríos cada vez que lo pienso. Imagínense una sala oscura, el celuloide temblando apenas, y de pronto en la pantalla aparecen unas monjas convulsionando en el suelo de un convento del siglo XVII mientras un cura las mira con una mezcla de lujuria y espanto. Eso es "Los demonios", la película maldita de Ken Russell, que durante más de cinco décadas no pudo verse completa en ninguna sala del mundo. Ahora, gracias a un crítico obsesivo y a un rollo perdido durante años, la versión que el director inglés siempre quiso mostrar al público llega a los cines españoles desde el 16 de octubre, restaurada en 4K y con sus 114 minutos intactos.

Una historia real que terminó en la hoguera

Russell se apoyó en un episodio que parece sacado de una novela gótica pero que ocurrió de verdad. En el convento de las ursulinas de Loudun, Francia, varias religiosas denunciaron estar poseídas por espíritus malignos. El señalado como responsable fue el sacerdote Urbain Grandier, un hombre culto y polémico, al que la Iglesia y la corona terminaron condenando por brujería. Lo quemaron vivo en 1634. Décadas después, Aldous Huxley, el autor de "Un mundo feliz", recogió aquel caso en la novela "Los demonios de Loudun", que fue la base sobre la que Russell y el resto del equipo construyeron el guion.

Yo había visto hace años "Tommy", aquella ópera rock con Ann-Margret y Roger Daltrey, y también "Mujeres enamoradas", y siempre me quedaba con la sensación de que Russell era un director que necesitaba llegar al borde del abismo para sacar lo mejor de sí. "Los demonios", con Vanessa Redgrave como la madre superiora Jeanne des Anges y Oliver Reed como Grandier, es probablemente la película donde ese impulso se nota más: cada plano parece a punto de explotar.

El rollo perdido y la versión que el director guardó bajo llave

Lo que me parece más conmovedor de toda esta historia es la persistencia de Mark Kermode, el crítico cinematográfico británico que llegó a conocer personalmente a Russell. Después de la muerte del director en 2011, Kermode se obsesionó con encontrar los 89 segundos exactos que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había arrancado del filme para poder distribuirlo en el Reino Unido. Esos segundos, nada menos, eran el corazón temático de la obra para Russell. El material apareció en un rollo olvidado de los archivos de Warner Bros. en Gran Bretaña, catalogado con el anodino nombre de "C Cut 89". Con esas imágenes, Russell alcanzó a armar su montaje definitivo de 114 minutos y a proyectarlo una sola vez en el BFI Southbank de Londres.

  • La copia británica circuló durante años con 111 minutos, ya mutilada.
  • La versión estadounidense se quedó en 108, todavía más recortada.
  • El "C Cut 89" contenía los 89 segundos que la censura inglesa había retirado oficialmente.
“Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película.”Mark Kermode

Vaticano, municipios y una calificación X

El periplo de "Los demonios" fuera de la sala de montaje fue una peregrinación de prohibiciones. En los años setenta, diecisiete municipios ingleses directamente vetaron su exhibición y donde se la pudo ver fue con calificación X, la etiqueta que en aquel entonces equivalía a "no recomendada para menores de 18". Finlandia la mantuvo prohibida hasta noviembre de 2001. Y el Vaticano fue más lejos: condenó la película y pidió que se cancelaran sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia. Uno lee esto y entiende por qué Russell terminó describiendo el filme como su única película política: "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado", dijo. Yo creo que tenía razón: debajo de las monjas que se retuercen y los exorcismos, lo que Russell estaba filmando era el momento exacto en que una institución devora a un individuo.

Antes de cerrar, una palabra que aprendí estos días de una colega paraguaya y que me parece perfecta para definir el clima de esta historia: "mboriahu", que en guaraní significa algo así como "el que es perseguido por una fuerza que no entiende". Así terminó Urbain Grandier, así le pasó a Russell con su propia película, y así les va a pasar a ustedes cuando la vean en pantalla grande y descubran, por fin, lo que la censura les había estado escondiendo durante más de cincuenta años. No se la pierdan, en serio.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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