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VIE, 02 OCT 2026
Vida

Cuidar en Argentina: una investigación de la Universidad Austral puso números al agotamiento y a la desigualdad de género que todavía pesa sobre las familias

Una encuesta nacional relevó a 120 cuidadores principales y detectó que seis de cada diez presentaban algún grado de sobrecarga, con un marcado impacto en el descanso, los proyectos personales y el empleo. Las mujeres, principales responsables del rol, son quienes más acusan el desgaste.

EB
Elena BianchiSociedad · · lectura 5 min
Cuidar en Argentina: una investigación de la Universidad Austral puso números al agotamiento y a la desigualdad de género que todavía pesa sobre las familias

Son las once de la mañana y en la cocina de María todavía se siente el olor a café de hace rato, ese que se mezcla con el ruido manso de la tele del living donde su madre pasa las horas. María tiene 52 años, vive en Lanús y desde hace casi cuatro es la persona que organiza cada pastilla, cada turno médico, cada cuenta paga. Duerme a los saltos, perdió la clase de yoga que era su único rato propio y hace meses que da vueltas con un proyecto de taller de costura que no termina de arrancar. Cuando le pregunto cómo está, se ríe con un cansancio que se le nota en la voz y me dice, casi como pidiendo permiso: "Llego entera a la noche y eso ya es un triunfo". Esa frase, multiplicada por miles, es la que terminó de darle forma a un estudio que presentó la Universidad Austral y que por primera vez midió con cierto detalle cómo se vive en la Argentina la tarea de cuidar a un familiar.

La investigación se hizo por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026 y reunió a 1.028 personas mayores de 18 años de todo el país. De ese total, el 20,4 por ciento contestó que cuidaba a un familiar. El dato más fino vino después, cuando los investigadores se concentraron en los 120 cuidadores principales y los pasaron por la escala de Zarit, un cuestionario de 22 ítems que se usa en todo el mundo para medir el peso subjetivo del cuidado. El resultado fue terminante: seis de cada diez presentaban algún grado de sobrecarga y el 40,8 por ciento alcanzó el nivel intenso, el que los autores del informe consideran que ya requiere intervención profesional.

Mujeres, descanso y proyectos propios: la carga no se reparte

Cuando el estudio desagregó por género, la foto se volvió todavía más elocuente. Entre las mujeres cuidadoras, el 54 por ciento dijo que la responsabilidad le impedía descansar lo suficiente y el 44 por ciento reconoció que limitaba sus proyectos personales. Entre los varones, esas proporciones cayeron al 30 y al 10 por ciento, respectivamente. La investigadora que lideró el trabajo, Carolina Guidotti, me explicó por teléfono que "la sobrecarga no se distribuye de manera uniforme y el género sigue siendo la variable más determinante". En el universo relevado, las mujeres asumían el rol de cuidadora principal en el 60,6 por ciento de los casos, mientras que entre los hombres ese porcentaje bajaba al 44,4 por ciento.

El relevamiento también se detuvo en una pregunta clave: alcanza con tener ayuda. La respuesta fue tajante. La proporción de sobrecarga intensa fue del 40 por ciento tanto entre quienes declaraban recibir apoyo como entre los que dijeron no tenerlo. Para los autores, eso muestra que "importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia", y por eso el informe distinguió entre la ayuda afectiva, la informacional y la operativa. Acompañar a veces quiere decir quedarse un rato para que el cuidador salga a caminar, pero también saber qué trámite hacer ante una obra social o aprender a movilizar a una persona con movilidad reducida, y esas tres capas no siempre aparecen juntas.

El trabajo remunerado y las licencias que no alcanzan

Otro de los capítulos del estudio se metió de lleno con lacompatibilidad entre cuidar y trabajar. El 75 por ciento de los cuidadores principales tenía un empleo, pero las herramientas disponibles para sostener ambas cosas dependían mucho del tipo de contratación. El acceso promedio a licencias y prestaciones —que iban de maternidad y paternidad hasta enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería— fue del 53,7 por ciento entre los trabajadores formales, del 17,1 por ciento entre los informales y apenas del 9,5 por ciento entre los independientes. La diferencia, según el informe, deja a buena parte de quienes cuidan sin red institucional a la hora de articular la rutina.

  • 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina respondieron la encuesta online entre octubre de 2025 y abril de 2026.
  • El 20,4 por ciento manifestó que cuidaba a un familiar y 120 fueron evaluados como cuidadores principales con la escala de Zarit.
  • El 60 por ciento de los cuidadores principales registró algún grado de sobrecarga y el 40,8 por ciento atravesaba una sobrecarga intensa.
  • El 54 por ciento de las mujeres cuidadoras reportó que la tarea le impedía descansar lo necesario, frente al 30 por ciento de los varones.
  • El 75 por ciento de los cuidadores principales trabajaba, pero solo el 53,7 por ciento de los formales accedía a licencias y prestaciones ligadas al cuidado.
  • El 95,7 por ciento de los cuidadores mencionó al menos un aspecto gratificante de la tarea, con el afecto recíproco y los momentos compartidos a la cabeza.

El informe también dejó lugar para la otra cara del cuidado. El 95,7 por ciento de los cuidadores reconoció al menos un aspecto gratificante de la tarea, y entre los más mencionados aparecieron el afecto recíproco, los momentos compartidos con la persona cuidada y los pequeños cambios que se veían en ella día a día. Esa valoración positiva no anula el agotamiento, aclararon los autores; convive con él. Y por eso Guidotti insistió en que la discusión tiene que dejar de mirar al cuidado como un hecho privado y empezar a tratarlo como una política pública: más licencias, más formación profesional, equipos de apoyo en los barrios y, sobre todo, una distribución del trabajo de cuidar que hoy todavía descansa en los hombros de las mujeres. Antes de cortar, vuelvo a la cocina de María. El café ya se enfrió, su madre le pide que le acomode la almohada y ella, mientras acomoda, se acuerda de que mañana tiene turno con la cardióloga, no el suyo, el de su madre. "Yo también tendría que ir", me dice, y se ríe otra vez con ese cansancio que ya le conozco. Es, apenas, una de las 1.028 historias que cuenta este estudio.

EB

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