Cuando el pasado y el futuro se comen el presente: la advertencia de Gabriel Rolón sobre la búsqueda de felicidad
El psicólogo y escritor repasó el peso de los recuerdos idealizados y los proyectos siempre postergados, y dejó una frase que funciona como clave: la diferencia entre valorar lo vivido y quedar detenido en él.
Son las seis de la tarde en un estudio porteño, hay un café servido sobre la mesa y una ventana abierta por donde entra el ruido lejano de un colectivo que dobla en la esquina. En ese marco, Gabriel Rolón se inclina sobre el micrófono y empieza a hablar de algo que, según dice, aparece una y otra vez en los consultorios: la costumbre de poner la felicidad en otro tiempo, siempre en otro tiempo, nunca en este. Mientras habla, se escuchan los cascos de alguien que pasa por el pasillo y el golpe seco de una taza contra el plato. La escena es chica, pero la idea es grande.
El planteo que dejó el psicólogo y escritor en una entrevista reciente gira alrededor de un equilibrio delicado: tener proyectos hacia adelante y reconocer lo que se vivió bien, sin que ninguna de esas dos cosas termine por vaciar la vida de hoy. No se trata, aclaró, de abandonar los sueños ni de borrar los recuerdos, sino de revisar cuánto espacio les estamos dejando en relación con el presente.
Los recuerdos, entre el sentido y el retrato editado
Rolón arrancó por el costado de la memoria, y lo hizo con una imagen muy concreta. Según contó, las personas solemos guardar los recuerdos como si fueran una foto retocada: los padres que ya no están aparecen con más nobleza, la infancia se vuelve más linda de lo que efectivamente fue, las parejas que terminaron quedan teñidas de una ternura que en el momento tal vez no existía. Hacemos, dijo casi sonriendo, una especie de photoshopeo de lo vivido.
Para el psicólogo, ese mecanismo no es en sí mismo un problema. Reconocer que hubo momentos felices y recordarlos ayuda a entender la propia historia, a dimensionar los esfuerzos que se hicieron y los vínculos que se construyeron. El inconveniente aparece cuando esa versión pulida del pasado se vuelve el único lugar donde se acepta estar bien. Cuando alguien se aferra demasiado a esa imagen idealizada, puede dejar de trabajar en la posibilidad de construir felicidad acá, en el presente.
“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón
Los proyectos, entre el motor y la eterna espera
El otro eje de la charla fueron los proyectos hacia adelante. Rolón no los puso en duda: sostuvo que los sueños siguen siendo importantes y que la expectativa de encontrar satisfacción más adelante forma parte de cualquier vida que se mire en movimiento. Lo que señaló como problemático es otra cosa: la postergación permanente de sentirse bien, el traslado constante de la búsqueda a un futuro que, cuando llega, vuelve a quedar lejos.
- Pensar que la felicidad siempre llega después, no ahora.
- Convertir los recuerdos en un refugio que impide moverse hacia el presente.
- Confundir tener proyectos con vivir esperando que se cumplan.
- Bajar de la vida antes de tiempo, como dijo el propio Rolón.
Sobre el final de la conversación, con la taza ya vacía y el ruido del colectivo cada vez más lejos, Rolón dejó una frase que funciona como una suerte de instrucción para los días que vendrán: intentemos algo aquí, ahora. No dijo que fuera fácil, ni que bastara con proponérselo. Dijo que la búsqueda de bienestar también merece su lugar en la vida actual, y que conviene no dejar que el pasado editado ni el futuro postergado terminen ocupando toda la escena.
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