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MAR, 13 OCT 2026
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Cuando el guionista se sienta en la silla del director: el regreso fallido de Sorkin al mundo de Zuckerberg

La esperada secuela de "La red social" llega a las salas con el lastre de un realizador que, según la crítica, no se sabe contener a sí mismo. Repaso de una película que confirma lo que sus films anteriores venían anticipando.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Cuando el guionista se sienta en la silla del director: el regreso fallido de Sorkin al mundo de Zuckerberg

Imaginate la escena: una sala de montaje con luz de neón, el aire un poco cargado por el café de la madrugada y Aaron Sorkin revisando, plano por plano, una secuencia de diálogos que él mismo escribió hace diez años. La imagen tiene algo de encantador y algo de preocupante, y es exactamente la sensación que deja "El precio de la red", la esperada secuela de "La red social" que volvió a poner al creador de Facebook en el centro de la conversación, aunque esta vez no por sus méritos sino por sus limitaciones.

Un universo que se reune pero no termina de cerrarse

La película vuelve a convocar a Mark Zuckerberg y el ecosistema de las redes sociales, pero lo hace de un modo algo disperso. A la referencia inevitable de "La red social" de 2010 se le suman los ecos de "The Newsroom", aquella serie donde Sorkin puso a hablar a un equipo periodístico como si todos tuvieran un doctorado en retórica, y hasta los intentos fallidos del guionista por llevar adelante un proyecto sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero, una idea que lleva años rondándole sin poder aterrizar en la pantalla.

El problema, coinciden varios reseñistas especializados, no está en el papel sino en quien lo dirige. Y acá aparece la moñái, esa palabra en guaraní que usamos para nombrar algo así como un defecto querido, un lunar que alguien conoce y decide no corregir: Sorkin tiene un historial desparejo como realizador, porque cuando se sienta a dirigir sus propios guiones tiende a confiar demasiado en ellos.

Cuando otro lo contiene, Sorkin brilla

La lista de casos en los que el escritor funcionó mejor con un realizador que lo disciplinara es bastante elocuente. David Fincher en "La red social" sacó un filme eléctrico de un guión que en otras manos podría haber sido solo gente hablando en oficinas. Danny Boyle le dio a "Steve Jobs" una estructura visual que la palabra escrita no podía conseguir sola. Y Rob Reiner, ya en los años noventa, fue el que domó los excesos verbales de "Algunos hombres buenos" y los convirtió en un thriller judicial con dientes.

  • Molly's Game: su debut como director, recibido con cierta benevolencia por la crítica.
  • La red social (2010): el gran éxito, con David Fincher poniendo imágenes a sus palabras.
  • Steve Jobs (2015): Danny Boyle le dio estructura y ritmo.
  • Algunos hombres buenos (1992): Rob Reiner contuvo sus excesos y firmó un clásico.

El precio de no tener quién lo frene

Sin esa tensión externa, "El precio de la red" muestra lo que pasa cuando el autor tiene el control absoluto. Aparecen secuencias larguísimas de diálogo que sobreviven sobre todo porque suenan bien leídas en voz alta, aunque en pantalla no avancen demasiado. Las escenas de interiores tienen problemas de iluminación llamativos, algo curioso si se tiene en cuenta que el director de fotografía es el mismo de "La red social". Y al montaje le falta esa urgencia que hace que una escena empuje a la siguiente.

“Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en la película

Esa frase, que ya viene circulando en los tráilers, funciona casi como una autocritica involuntaria del propio realizador, y deja al descubierto el corazón del asunto: cuando nadie le marca los límites, el escritor termina hablándole a una pantalla vacía. Yo, que vengo siguiendo la carrera de Sorkin desde los tiempos de la serie "El ala oeste de la Casa Blanca", confieso que me da cierta pena ver cómo se repite el patrón. No porque el material sea malo, que en papel tiene ideas potentes, sino porque conozco de memoria el techo al que podría haber llegado con alguien que lo obligara a podar sus propios monólogos. Ahí está, me parece, el verdadero precio de esta red: no es el de las plataformas digitales, sino el de confundir el talento para escribir parlamentos brillantes con el talento para convertirlos en cine.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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