Carrie vuelve a la pantalla, ahora en ocho capítulos y con el acoso que se filtra por la pantalla del celular
La novela de Stephen King llega a Prime Video con una serie escrita y producida por Mike Flanagan, que le dedica más espacio a la relación entre Carrie y su madre y suma el hostigamiento digital como una capa nueva del horror cotidiano. La canadiense Summer H. Howell, de 22 años, se pone en la piel de la protagonista después de un casting de más de mil quinientos postulantes.
Vuelvo a sentir ese olor a humedad de la casa de los White, esa luz amarillenta que parece querer escaparse por las persianas cerradas, y otra vez me doy cuenta de que el verdadero escenario del terror en Carrie nunca fue el gimnasio del colegio ni el balde de sangre en el baile de graduación: fue siempre esa cocina chica, ese rincón donde Margaret le recita la Biblia a su hija como si cada versículo fuera un ladrillo más de un muro. Por eso me resulta tan interesante que la nueva adaptación que llegó a Prime Video el 7 de octubre haya decidido estirar la historia a ocho episodios, porque ese tiempo extra le permite hacer algo que las películas apenas rozaban: quedarse en la mesa familiar, mirar a madre e hija de frente y entender que ahí, en esa relación aplastante, también se cocina la tragedia.
Flanagan vuelve a Stephen King, esta vez con más aire para respirar
Mike Flanagan está al frente del proyecto como showrunner, guionista y productor ejecutivo, tarea que comparte con el propio King, y además se sentó en la silla de director en cuatro de los ocho capítulos. El recorrido del realizador por la obra del escritor de Maine ya tiene varias paradas conocidas por el público argentino, desde El juego de Gerald hasta Doctor Sueño, y se nota que conoce el idioma de la casa: la paciencia para dejar crecer los diálogos, la cámara que se queda un segundo más de lo necesario sobre un rostro, la confianza en que el miedo se construye con silencios tanto como con sobresaltos. Esa sensibilidad se nota en el primer episodio, que abre con la pérdida del padre de Carrie y un duelo que se vive en penumbras, lejos del golpe de efecto.
Uno de los ejes que la propia producción destaca es el vínculo entre Carrie y Margaret, la madre fanática religiosa que en la versión de 1976 que dirigió Brian De Palma quedó casi reducida a un personaje de una sola nota. Samantha Sloyan, la actriz que la interpreta, contó que ese afecto fue un punto de partida para Flanagan y que la extensión de la serie permitió explorar con más detalle a las dos mujeres. Se nota: hay escenas en las que Margaret no aparece como un monstruo unidimensional sino como alguien que también fue aplastada por la vida y que, en su cabeza retorcida, cree estar protegiendo a su hija del pecado. Eso no la redime, pero la vuelve más humana, y a mí, como espectadora de entre 40 y 60 años que vio varias veces la película original, me generó una empatía incómoda que no esperaba.
El celular como nuevo pasillo del colegio
La novela de 1974 no podía saber nada de TikTok, de Instagram ni de los grupos de WhatsApp, pero la serie toma el Bullying clásico de los pasillos y le agrega una capa que habla directo a los pibes de hoy y también a los padres que miramos de reojo las pantallas: los videos viralizados, los comentarios anónimos, la exposición que no termina cuando suena el timbre final. Summer H. Howell, la actriz canadiense de 22 años que se consagró tras un casting de más de mil quinientos postulantes, lo dijo con una claridad que me pareció muy lúcida: los errores de la adolescencia ahora pueden quedar registrados y difundirse, y eso cambia para siempre la geografía del acoso. La chica contó, además, que cuando le llegó la audición no había leído la novela de King ni visto las versiones anteriores, y que decidió conservar esa distancia para construir su propia mirada del personaje, sin pisar las huellas de Sissy Spacek ni de Chloë Grace Moretz.
- Siena Agudong como Sue Snell, la compañera que en la novela y en la película es casi una contraparte luminosa de Carrie.
- Joel Oulette como Tommy Ross, el chico popular que se transforma en algo parecido a un príncipe de cuento para la protagonista.
- Amber Midthunder como Miss Desjardin, la profesora de educación física que aquí gana presencia y se nota como una aliada clave en el aula.
- Una historia de encierro doméstico, duelo, telequinesis y descubrimiento del mundo que la serie estira a lo largo de ocho capítulos para darle aire a cada relación.
“Para mí lo más potente de esta versión es que el acoso no termina cuando Carrie vuelve a su casa: ahora la siguen por la pantalla del celular, y eso vuelve el hostigamiento infinito, como una sombra que no se apaga nunca. Esa decisión de Flanagan me parece lo más honesto que hizo la serie con el material de base.”Verónica Cardozo, Cultura y espectáculos
Entre el material de base aparece un detalle que vale la pena marcar, porque dice mucho del tono que buscaron los realizadores: Summer H. Howell planteó que la serie puede abrir conversaciones familiares sobre el uso del teléfono y el hostigamiento, y la verdad es que como madre de un adolescente que ya vive con el celular pegado a la mano, celebro que un producto de streaming se anime a poner el tema sobre la mesa sin moralinas baratas. En lo personal, y se lo confieso al lector, salí de los primeros episodios con esa sensación que solo dejan las buenas adaptaciones: la de volver a reconocer una historia conocida y, al mismo tiempo, descubrir que todavía tenía cosas para decirme. Me queda pendiente, ya con el café de la tarde, ponerme a buscar las actuaciones completas de Flanagan en streaming y revisar el doblaje al español latino, porque sospecho que la voz de Margaret en nuestro idioma va a ser clave para que el terror de esa cocina llegue con toda su fuerza. Karu, en guaraní, quiere decir volver a empezar, y eso es lo que hace esta Carrie: vuelve a empezar la historia desde la mesa de la cocina, desde el primer mate compartido entre madre e hija, y desde ahí le agrega capas a un clásico que parecía tenerlas todas agotadas.
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