Arabella, la noche que se rompe en pedazos: la apuesta íntima de Michaela Coel
La creadora británica convirtió una experiencia personal en una de las miniseries más potentes del streaming reciente: doce capítulos en los que el silencio, la memoria y la amistad sostienen una historia sobre lo que cuesta reconstruir lo que nos hicieron.
A veces un departamento compartido, dos amigos en la cocina y un vaso de vino bastan para que una noche entera se vuelva irreconocible. Eso es lo que Michaela Coel plantó en el primer plano de Podría destruirte: la imagen concreta de una mañana posterior, con la resaca, los mensajes en el teléfono y esa sensación de que algo no cierra, de que faltan piezas. Esa incomodidad inicial, muy de la vida cotidiana, es la puerta de entrada a una de las series más comentadas del último lustro.
Una autora que se puso al frente de todo
La serie es, en buena medida, una obra de autor en el sentido más literal del término. Coel la creó, escribió el guion, codirigió y, además, se puso en la piel de Arabella, una escritora que prepara su segundo libro después del éxito de su primera publicación. Es decir, la ficción espeja la realidad desde el arranque: una autora joven que ya sabe lo que es recibir buenas críticas y que, sin embargo, se enfrenta a la página en blanco.
Ese espejo entre Coel y Arabella no es decorativo, es el corazón del proyecto. La protagonista sale una noche con amigos, celebra un acuerdo laboral, y a la mañana siguiente descubre que no puede reconstruir lo ocurrido. Esa memoria fragmentada es el motor del relato: durante los doce capítulos, ella intenta armar el rompecabezas de esas horas y, con la ayuda de su entorno más cercano, llega a la verdad: fue víctima de una violación.
Por qué Coel le dijo no a Netflix
Detrás de la serie hay una pulseada contractual que terminó definiendo su identidad. Netflix se acercó al proyecto con una propuesta muy atractiva en términos económicos, pero con una condición que la creadora no estaba dispuesta a aceptar: quedarse con todos los derechos de la obra. Coel dijo que no. Y lo hizo, sobre todo, porque el relato partía de una agresión que ella misma había sufrido. Para una autora que elige poner el cuerpo y la historia personal en una ficción, ceder la propiedad era, también, entregar el modo en que esa historia podía ser contada en el futuro.
Lo notable es que esa negativa no frenó al proyecto: terminó encontrando su propio camino hasta el estreno, en junio de 2020. Pero deja una pregunta que sobrevuela toda la serie: quién controla las historias que nacen del dolor más íntimo. En ese sentido, Podría destruirte es también una tomada de posición sobre los modos de producción del streaming.
- Doce episodios que funcionan como una unidad, sin relleno.
- Arabella como protagonista absoluta, con Coel en creación, guion, dirección e interpretación.
- La violación como motor de un relato que privilegia la reconstrucción de la memoria por encima del golpe efectista.
- El rechazo a Netflix como decisión artística, no solo económica.
- Una recepción crítica muy fuerte frente a un recorrido de audiencia que arrancó lento y creció de la mano del streaming.
De la crítica al público: un reconocimiento que llegó por etapas
La serie tuvo una paradoja interesante. Cuando salió al aire, las críticas la recibieron con entusiasmo: era una de esas raras producciones en las que forma y contenido se dan la mano con una precisión poco habitual. Sin embargo, sus audiencias en la televisión lineal fueron más bien chicas, casi de nicho. Con el correr de los meses, el streaming le fue sumando público de manera progresiva y su nombre empezó a circular cada vez más en conversaciones y redes.
Ese recorrido desparejo se reflejó también en los premios: el Emmy a mejor miniserie de aquel año terminó en manos de Gambito de dama, la producción de Netflix con Anya Taylor-Joy. Para mí, que vengo siguiendo de cerca estos premios, fue una de esas temporadas en las que la academia se inclinó por el fenómeno masivo mientras dejaba en el camino a una obra más experimental y más arriesgada. No es un juicio sobre la calidad de Gambito, sino una constatación de que el reconocimiento masivo y la apuesta artística no siempre coinciden.
Por qué sigue vigente unos años después
Volví a pensar en Podría destruirte mientras leía las repercusiones de otro estreno reciente y me encontré recomendándola casi como si fuera nueva. La serie tiene esa cualidad de las obras que no envejecen: el tema que aborda, el modo en que está filmada, la construcción de Arabella como personaje y la manera en que el guion se anima a tomar su tiempo la mantienen muy viva. Es una serie para mirar con atención, ideal para maratones de un par de capítulos por noche, y para discutir después con alguien sobre lo que acaba de pasar en pantalla.
A los lectores de 40 a 60 años que suelen elegir miniseries por el tema, el elenco o el contexto de producción, les diría que esta funciona en los tres frentes. Quien busque una historia sobre escritura y bloqueo creativo va a encontrar una protagonista creíble; quien busque una mirada sobre la violación que no caiga en el golpe bajo ni en el panfleto, también; y quien se interese por los entretelijos del streaming, tiene aquí un caso testigo de cómo una creadora pudo decirle que no al gigante de turno. En lo personal, me parece una de esas series que uno quisiera que todo el mundo vea, no por el deber de estar al día, sino porque deja algo después de los créditos finales. Y eso, en una época de producciones que se olvidan al rato, vale mucho.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Alerta Litoral