Antártida desde Ushuaia: qué hay que saber antes de embarcar en una expedición de verano
Las partidas hacia el continente blanco salen desde el puerto fueguino entre noviembre y marzo, con desembarcos en Zodiac que dependen del clima. Movilidad, ropa por capas, seguro y elección de cabina marcan la diferencia.
Te imaginas llegar al fin del mundo y subir a un barco que te cruce el Pasaje de Drake hasta la Antártida. Esa fantasía se vuelve concreta cada verano austral en el puerto de Ushuaia, desde donde zarpan las expediciones antárticas con rumbo a la Península. Pero antes de soñar con pisar el hielo blanco conviene tener los pies bien plantados en la logística: el viaje exige preparación, paciencia y algo de flexibilidad para aceptar que el clima manda.
Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, lo resume con una frase que se repite en cada charla previa al embarque: hay que llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de zarpe. La razón es simple y práctica. Una demora en el vuelo puede dejar al pasajero varado en Buenos Aires o en Ezeiza mientras el buque ya cruza el Canal Beagle sin esperarlo. Esa ventana extra también sirve para resolver el papeleo, probar el equipo y descansar antes de meterse en aguas agitadas.
Preparación antes de subir a bordo
No hace falta ser explorador ni montañista para animarse a la aventura, aclaran desde la empresa. El requisito físico pasa por tener la movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y para caminar sobre superficies irregulares, con rocas, nieve o barro según el punto de desembarco. La vestimenta se arma por capas: ropa interior térmica, un aislante tipo polar y una campera impermeable y cortaviento. Cada operador entrega detalles sobre las botas de trekking, los pantalones impermeables y los chalecos salvavidas que incluye en el precio.
“Una demora en el vuelo puede dejar al pasajero sin posibilidad de abordar. Por eso recomendamos llegar uno o dos días antes.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions
Otro punto no negociable es el seguro de viaje. La Antártida no tiene hospitales ni centros de atención cerca, y cualquier evacuación implica un operativo costoso que recién se coordina desde el buque o, en el peor de los casos, desde Ushuaia. La póliza debe cubrir asistencia médica, repatriación y eventual rescate en zona polar. También conviene consultar con la compañía qué requisitos sanitarios pide cada país de origen: en muchos casos se solicita un apto médico firmado por un cardiólogo.
La elección del camarote y el cruce del Drake
La cabina puede transformar la experiencia. Gounaris explica que el movimiento del barco se siente menos en los sectores bajos y centrales del casco, cerca de la línea de flotación. Las cabinas superiores ofrecen mejores vistas y luz natural, pero también reciben con más fuerza el rolido cuando el Drake se pone intenso. Para quienes viajan por primera vez, la recomendación clásica es optar por un camarote interior o con ventana en cubiertas bajas y reservar el dinero que ahorran en experiencias en tierra.
El Pasaje de Drake tiene fama de moverse. Algunos tramos se hacen en pocas horas, otros se estiran y el oleaje cambia de un día para otro. Durante esas horas el equipo de expedición dicta charlas sobre la geografía del continente, las especies que se pueden avistar, la historia de los exploradores y las estrictas normas ambientales que rigen cada desembarco. Las reglas del Tratado Antártico y del IAATO, el organismo que agrupa a los operadores turísticos, prohíben tocar o alimentar a los animales y obligan a mantener distancias de seguridad con pingüinos, focas y aves.
Los desembarcos en Zodiac y la alternativa de los cruceros de fly and sail
Una vez en aguas antárticas, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de unas tres horas cada una, siempre que el clima lo permita. Los Zodiac acercan al buque a costas donde no puede llegar un barco grande y permiten caminar entre colonias de pingüinos, observar glaciares que descargan témpanos al mar o acercarse a restingas de focas. El itinerario previsto puede modificarse por viento, oleaje o presencia de hielo: la última palabra la tiene siempre el capitán, y el pasajero debe entender que la flexibilidad forma parte del paquete.
Para quienes buscan una experiencia más corta existe la alternativa de los viajes fly and sail, que combinan un vuelo desde Punta Arenas o desde el mismo Ushuaia hasta una base chilena o argentina en la Península Antártica, con dos o tres noches de crucero embarcado. Son menos días en el barco y más horas en tierra, aunque el precio suele ser similar o superior al de la travesía clásica. Empresas como Antarctica21 operan esta modalidad y permiten ver pingüinos, glaciares y paisaje antártico sin pasar dos días enteros cruzando el Drake.
Como precio de referencia, las expediciones clásicas de diez a doce noches a bordo del Ushuaia, el buque de Antarpply con capacidad para 90 pasajeros en 46 cabinas y suites, arrancan en valores cercanos a los 8.000 dólares por persona en camarote compartido, según temporada y categoría. Los fly and sail desde Punta Arenas arrancan algo más arriba, en torno a los 12.000 dólares, pero incluyen los vuelos y reducen el tiempo de navegación. Conviene reservar con seis a nueve meses de anticipación: la demanda de verano austral crece cada año y los cupos se agotan rápido.
Cómo llegar y cuándo conviene ir
El punto de partida es el puerto de Ushuaia, en Tierra del Fuego. Desde Buenos Aires hay vuelos diarios de tres horas y media a través de Aerolíneas Argentinas y JetSMART, con conexiones frecuentes desde Ezeiza. En verano hay que sumarle a veces una escala en Aeroparque o una combinación con vuelo a Río Gallegos y posterior traslado por tierra. La opción más cómoda sigue siendo el vuelo directo a Ushuaia y una noche previa en la ciudad para aclimatarse al ritmo austral y revisar el equipo.
La mejor época para ir es entre noviembre y marzo, con diciembre, enero y febrero como meses de mayor actividad. En ese tramo el hielo se retira, los días tienen hasta veinte horas de luz y las colonias de pingüinos entran en su ciclo reproductivo. Los avistamientos de ballenas, en especial de jorobadas y de Minke, se concentran entre febrero y marzo. Como recomendación final, te diría que no apures la reserva y que te tomes la paciencia como parte del viaje: la Antártida te enseña que hay experiencias que vale la pena esperar.
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