Alcaraz volvió a ser Alcaraz: se calzó la corona en Tokio y ya piensa en Shanghái
El español venció a Lehecka por 7-6 (4) y 6-4, sumó su tercer título de 2026 y alcanzó los 27 trofeos ATP, los mismos que acumula David Ferrer. Regresa al circuito con todo después de casi cinco meses parado.
Se lo vio mirar al cielo después del match point, con esa mezcla de alivio y de bronca que uno le conoce al murciano cuando las cosas se le complican más de la cuenta. Carlos Alcaraz levantó otra vez el cetro en Tokio, esta vez sobre el checo Jiri Lehecka, por 7-6 (4) y 6-4, en una hora y 36 minutos de final caliente en el Ariake Coliseum.
Un regreso con corona
Hace cinco meses, casi cinco, que estaba parado. La muñeca lo había sacado del circuito en abril, después de haber levantado el Abierto de Australia y el torneo de Doha. Reapareció a fines de agosto en el US Open, con más cautela que fútbol. En Tokio, en cambio, volvió a ser Alcaraz: el que aprieta, el que inventa, el que te deja con la boca abierta en un rally.
Yo lo vi en vivo, en una de esas tardes de enero en el court central, y te juro que cuando se prende así no hay con qué darle. Le gana a uno con el saque, al siguiente con el resto y al otro con una dejada que parece inventada en el momento.
El camino al título
- Superó en semifinales a Jaume Munar, en un partido que tuvo que revertir.
- En la final arrancó abajo en el primer set, con un quiebre en contra, y lo dio vuelta hasta ganarlo en el tie-break por 7-4.
- En la segunda manga se mantuvo parejo hasta que encontró el quiebre decisivo y sostuvo la ventaja hasta el 6-4.
El tercer título del año lo dejó en lo más alto de la categoría ATP 500, donde ya lleva diez coronas, y le permitió alcanzar los 27 trofeos ATP en su carrera, igualando la marca del inoxidable David Ferrer. Arriba siguen quedando los gigantes: Manuel Orantes, con 34, y Rafael Nadal, con 92. Números de selección, pero Alcaraz tiene 23 años y el cigarrillo prendido.
Su próxima parada será el Masters 1000 de Shanghái, donde la vara gira al vuelta y la exigencia sube varios escalones. Pero eso será otro partido. Hoy, en Tokio, volvió a ser el mismo de siempre.
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