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SÁB, 10 OCT 2026
Entretenimiento

Una reunion donde a Taylor Swift y Travis Kelce les dijeron que no

En un pueblo chico del lago Erie, los vecinos de la estrella del pop y el campeón de fútbol americano pelearon por cada árbol, cada arbusto y cada metro de alambrado. La mansión de cinco millones sigue en obras, pero la pulseada con el barrio, también.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Una reunion donde a Taylor Swift y Travis Kelce les dijeron que no

Me imagino la escena y casi la escucho: una sala de reuniones municipal con sillas de madera oscura, un mapa del lago Erie desplegado sobre la mesa y un grupito de vecinos acomodándose los anteojos antes de levantar la mano. Bratenahal, ese pueblo chiquito pegado a Cleveland donde en mayo se escucharon por primera vez los martillos y las hidrolavadoras de Taylor Swift y Travis Kelce en su propiedad frente al agua, volvió a ser escenario de un cruce que parece sacado de una comedia costumbrista. Del lado de afuera, las cámaras. Del lado de adentro, cañerías, raíces y un alambrado que nadie quiere ver.

Lo que empezó como un romance que le sacó sonrisas a medio planeta se transformó, hace rato, en Oso'A (trabajo, en guaraní), el tipo de trabajo que nadie quiere tener cuando uno se compra una casa para descansar. La pareja desembolsó cinco millones de dólares por una mansión sobre el lago, en marzo pasado, y desde entonces el municipio no para de recibir planos, pedidos y quejas. En las últimas reuniones de planificación, varios residentes que suenan tan hartos como cualquier vecino cuando le tocan la vereda salieron a marcar la cancha.

El árbol que nadie quiere plantar

La principal bronca vecinal tiene nombre botánico y apellido cloacal. Una vecina que vive en la casa de al lado desde hace más de treinta años advirtió que el plan de forestación de la pareja incluye plantas perennes cerca de una tubería de desagüe compartida, un combo que en el dialecto de los ingenieros municipales se llama «desastre a plazo fijo». La mujer contó, con tono de quien ya se hizo todos los cálculos en la cabeza, que un presupuesto que le pasaron a ella para proteger su propia cañería de las raíces trepó a 75.000 dólares, y que el tema está ahora mismo en el escritorio del abogado de la pareja.

Otro vecino fue por el lado de los arbustos que planean talar y de los ciervos que se pasean por la zona. La preocupación, más allá del paisajismo, apuntó a la valla de 1,8 metros que la Junta de Revisión Arquitectónica de Bratenahal aprobó en septiembre, una altura reducida respecto de los 2,4 metros originales. Para los vecinos, la combinación de alambrado y forestación cambia el equilibrio natural del barrio. Para la pareja, según explicó Jacob Kutz, de la firma Tiny Construction, el objetivo es «privacidad y seguridad», y el gesto de haber limpiado la tubería de alcantarillado a presión «sin pedir ayuda» fue la manera de mostrar buena voluntad.

  • La propiedad fue comprada en marzo pasado por una sociedad de responsabilidad limitada ligada al jugador de los Kansas City Chiefs.
  • La mansión forma parte de un catálogo que incluye otras residencias en Kansas, Nueva York, Tennessee, Rhode Island y California.
  • La pareja instaló además un sistema de alerta que se dispara cuando alguien se acerca demasiado al inmueble.
  • La junta aprobó el proyecto de paisajismo del frente y se espera un tercer plan en una próxima sesión para seguir con las reformas.
“Plantar árboles perennes cerca de una tubería compartida podría generar desbordamientos catastróficos del alcantarillado”Vecina de la propiedad, en la reunión de planificación de Bratenahal

Fama contra cañerías

Mirado desde el living de cualquier casa del barrio, lo de Bratenahal es la pelea más vieja del mundo repetida con vecinos celebrities. De un lado, una pareja que, después de los escenarios agotadores y los estadios colmados, quiere un rincón donde bajar la persiana, mirar el lago y olvidarse del mundo. Del otro, vecinos que pagan impuestos, cuidan sus jardines y no quieren que una forestación importada les tape la vista del agua, les levante la vereda o les complique la vida del desagüe. Las dos partes tienen razón, y eso es justamente lo que vuelve al asunto tan interesante.

Sinceramente, yo lo miro y no me termina de cerrar la idea de que vivir al lado de dos famosos tenga que ser una carga extra en el presupuesto. Las celebridades, el cine, tienen derecho a su privacidad y a su alambrado, como cualquier hijo de vecino. Pero también me parece entendible que los frentistas pidan que cada árbol nuevo venga con un estudio de impacto y cada valla con un plano firmado por un ingeniero. La convivencia es esa negociación diaria entre el ruido propio y el ajeno, y en ese pueblo del lago Erie esa negociación ahora tiene nombres propios, cotizaciones en dólares y una próxima reunión en el calendario.

VC
Verónica CardozoCultura y espectáculos

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