La mutación que nadie diagnostica y que puede estar detrás de la ansiedad, el déficit de atención y los abortos espontáneos
Cerca de la mitad de la población mundial porta una variante del gen MTHFR que impide convertir el ácido fólico en folato utilizable. Especialistas aseguran que el problema tiene solución concreta, pero que rara vez se busca en el lugar correcto.
Son las siete de la mañana de un martes cualquiera y en el consultorio ya hay una paciente esperando con los estudios genéticos en la mano. Se llama Laura, tiene treinta y cuatro años y lleva más de cinco intentando quedar embarazada. Su médico de cabecera nunca le pidió este análisis. Ella lo hizo por su cuenta, después de leer un hilo en una red social que le cambió la perspectiva. Cuando abrió el resultado y vio la palabra MTHFR, sintió una mezcla de alivio y bronca: alivio porque por fin había un nombre para lo que le estaba pasando, y bronca porque nadie se lo había mencionado antes en cinco años de consultas, análisis y frustraciones.
La escena se repite en miles de consultorios, aunque casi nadie lo cuente. El gen MTHFR, que en su nombre técnico se llama metilentetrahidrofolato reductasa, cumple una función precisa: transformar el folato que ingerimos en la forma activa que el cuerpo puede aprovechar. Cuando ese gen tiene una variante común, ese proceso falla. El organismo recibe ácido fólico pero no logra convertirlo en algo útil, y termina funcionando con déficit aunque la persona se alimente correctamente o tome suplementos todos los días.
Una mutación presente en casi la mitad de la población
Las cifras son contundentes. La variante está presente en aproximadamente el 46 por ciento de la población mundial, según los estudios genéticos que se vienen difundiendo en los últimos años. Quienes la portan pueden experimentar mayor incidencia de ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y, en el caso de las mujeres, abortos espontáneos recurrentes. Son síntomas que rara vez se asocian con una causa genética concreta y tratable, y por eso suelen quedar flotando en el limbo de los diagnósticos difusos.
“Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia.”Gary Brecka, especialista en biología humana
Lo dijo Gary Brecka, especialista en biología humana, al describir la condición con una frase que muchos pacientes repiten como un mantra. La idea es simple y a la vez revolucionaria para quien la escucha por primera vez: no se trata de un defecto de fábrica ni de un trastorno psiquiátrico sin solución, sino de una llave que no encaja en una cerradura específica. Y como toda llave, puede cambiarse.
El cambio concreto: del ácido fólico al metilfolato
- Reemplazar el ácido fólico por metilfolato, también conocido como 5-MTHF, que es la forma biodisponible y no necesita conversión enzimática.
- Optar por vitaminas prenatales metiladas para mujeres embarazadas o que estén buscando un embarazo.
- Recordar que el folato natural presente en verduras de hoja verde, legumbres y cítricos sigue siendo bienvenido, pero no alcanza si la mutación está presente.
- Evitar acumular ácido fólico sin procesar, algo habitual en países como Argentina donde la harina es fortificada por ley desde hace décadas.
Vale una distinción que parece técnica pero tiene consecuencias prácticas enormes. El folato existe de forma natural en los alimentos, sobre todo en las hojas verdes, las legumbres y los cítricos. El ácido fólico, en cambio, es un compuesto sintetizado en laboratorio por primera vez en 1943. Desde 1993, varios países, incluida la Argentina, establecieron su incorporación obligatoria en granos procesados como panes, harinas, cereales y pastas. Para una persona con la mutación MTHFR, ese aporte obligatorio no solo deja de ser útil, sino que puede acumularse en sangre sin procesarse, porque el organismo no tiene la herramienta genética para romperlo y usarlo.
La vitamina D3, el socio inseparable
Hay otro nutriente que suele quedar afuera de la conversación pero que tiene impacto concreto sobre la salud a largo plazo: la vitamina D3. El rango clínico considerado normal va de 30 a 100 nanogramos por decilitro, pero especialistas como Brecka insisten en que 30 nanogramas representan, en la práctica, una deficiencia. El nivel que la evidencia disponible asocia con menor riesgo de ciertas enfermedades, incluyendo cáncer de mama en mujeres, se ubica entre 60 y 80 nanogramos por decilitro. La recomendación mínima ronda las 5.000 unidades internacionales diarias, incluso en personas que toman sol con regularidad. Ahora bien, hay un detalle que casi siempre se omite: la D3 no debería tomarse sola. La vitamina D3 funciona como una molécula de transporte de calcio, y la K2 es la que decide si ese calcio termina en los huesos, donde hace falta, o se deposita en las arterias y los tejidos blandos, donde empieza a hacer daño. Una sin la otra es, en el mejor de los casos, una solución a medias. Por eso, antes de empezar a tomar cualquier suplemento, conviene pedir un análisis de sangre que mida los niveles reales y, sobre todo, conversar el tema con un profesional que esté familiarizado con estas variantes genéticas. No es un tema menor: estamos hablando de cerca de la mitad de la población caminando por la calle con una pieza fundamental del motor funcionando a medias, convencida de que su ansiedad, su falta de concentración o sus embarazos que no llegan son un misterio médico sin solución. La buena noticia es que el misterio tiene nombre, tiene diagnóstico y, sobre todo, tiene arreglo. Como le pasó a Laura, que finalmente entendió por qué su cuerpo no respondía como el de los demás y, con el cambio de suplemento, empezó a transitar un camino distinto. Son las ocho de la mañana y el consultorio ya tiene otro paciente esperando. La historia, probablemente, vuelve a empezar.
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