La cuchara chica de Maru Botana que abrió un debate inesperado en MasterChef Celebrity
Una porción mínima al probar los platos desató cuestionamientos en redes y puso a la cocinera en el centro de la escena. La llegada de Dolli Irigoyen como jurado invitada y una frase de Damián Betular encendieron la discusión sobre qué se espera de quien ocupa ese lugar.
Hay una imagen que se quedó dando vueltas en mi cabeza mientras seguía el hilo de las redes: una arveja dividida en cuatro y una pastelera tomando apenas una fracción antes de mirar a cámara con gesto serio. Esa escena mínima, que un panelista describió con precisión de bisturí, fue la mecha que prendió un debate que ya estaba latente en MasterChef Celebrity y que terminó poniendo a Maru Botana en el centro de la escena, algo que pocos hubieran imaginado cuando asumió como jurado estable en reemplazo de Donato De Santis. La cuestión no parece menor ni caprichosa: cuando una persona acepta juzgar la cocina de otras, la primera pregunta que se hace el público es si efectivamente está comiendo lo que dice estar probando.
Una arveja, cuatro partes y una sola en la cuchara
El señalamiento central es bastante concreto y por eso dolió. Varios televidentes vienen observando desde hace algunas emisiones que las degustaciones de Botana son extremadamente chicas, casi simbólicas, y que esa moderación a la hora de llevarse el tenedor a la boca contrasta con lo que hacen sus compañeros de jurado. La comparación se hizo explícita cuando alguien en un ciclo radial describió la diferencia con una imagen que se volvió viral: frente a otros cocineros que muerden la preparación sin dudar, Botana comería apenas un cuarto de una arveja. La postal, que parece exagerada, néanmoins resultó lo bastante elocuente como para sintetizar lo que muchos venían percibiendo desde el living de la casa. Yo, cuando vi la imagen, entendí la crítica sin necesidad de más explicación: juzgar un guiso, un risotto o una milanesa con una porción tan chica es como querer evaluar un perfume oliendo el frasco desde lejos.
Lo que empezó como una observación suelta fue tomando cuerpo y se transformó en un pedido concreto. La llegada de Dolli Irigoyen como jurado invitada le dio al reclamo un nombre y una referencia: varios usuarios propusieron directamente que la cocinera se quedara en el panel en lugar de Botana, argumentando que ella sí come con disposición frente a cámara y que eso le otorga una credibilidad que, según esa mirada, estaría faltando. La comparación entre ambas cocineras en pantalla potenció la lectura: de un lado, alguien que prueba sin reparar; del otro, alguien que parece guardarse. Ahí se entiende por qué un sector del público empezó a leer el pase de factura como un pedido de renovación en el jurado.
“Hay que comer de todo, para eso me pagan.”Damián Betular, en pleno tasting de MasterChef Celebrity
Esa frase la dijo Betular cuando la Negra Vernaci le advirtió que una parte de su plato estaba pasada de cocción, y él decidió probarlo igual en cámara. La elección pareció casual, pero una porción del público la leyó como un gesto con destinatario implícito, una forma elegante de marcar posición sin nombrar a nadie. Más allá de la intención que haya tenido cada uno, lo concreto es que esa escena volvió a poner sobre la mesa la pregunta que ya estaba dando vueltas: qué se espera, concretamente, de alguien que firma como jurado en un concurso de cocina. ¿Alcanza con oler, mirar, dar una devolución medida, o la gente quiere ver a quien juzga comiendo con ganas lo que tiene enfrente?
El estilo Botana, bajo la lupa
Hay que situar las cosas. Botana se incorporó al tribunal después de la salida de Donato De Santis y, durante sus primeras apariciones, su manera de probar los platos no había generado mayor ruido. Es la comparación permanente con sus compañeros, sumada al peso específico que tiene el plato en un formato como MasterChef, lo que volvió visible un detalle que antes pasaba inadvertido. Una cosa es comer liviano en la vida cotidiana, otra muy distinta es hacerlo frente a un concursante que dejó todo en esa fuente y espera de vos una devolución realmente probada. Ahí, creo yo, se juega buena parte de la credibilidad que el público le reconoce o le discute a quien ocupa ese sillón.
Quiero cerrar con una reflexión que me parece honesta. Puedo entender las dos puntas de este debate sin suscribir a ninguna con fanatismo: por un lado está Maru Botana, una cocinera con una trayectoria enorme,dueña de una estética pastelera que le dio lugar propio en la cocina argentina y que merece el respeto de no ser reducida a una cuchara chica; por el otro está un público que, con razón, pide coherencia entre lo que se dice y lo que se hace frente a cámara. Mientras tanto, en mi casa, viendo MasterChef con el mate a punto de cebarse y la masa de ñoqui del domingo dando vueltas en la cabeza, me quedo pensando que a veces las discusiones más interesantes que da unreality no son las del resultado final, sino estas, las que obligan a repensar las reglas del juego. Jaku (bueno, en mi idioma guaraní bien traducido), eso es lo que tenemos hoy para seguir masticando.
Por Verónica Cardozo, Cultura y espectáculos.
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