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MIÉ, 30 SEPT 2026
Vida

Falta de aire y tos seca: cuando consultar a tiempo puede cambiar el rumbo de una fibrosis pulmonar

Especialistas argentinos explican por qué el diagnóstico de esta enfermedad puede demorarse hasta dos años, qué señales deberían disparar la consulta y por qué ciertas patologías autoinmunes obligan a controlar los pulmones aunque no haya síntomas respiratorios.

EB
Elena BianchiSociedad · · lectura 3 min
Falta de aire y tos seca: cuando consultar a tiempo puede cambiar el rumbo de una fibrosis pulmonar

Son las siete de la tarde de un martes cualquiera en la sala de espera de un consultorio neumonológico del centro porteño y el murmullo de las revistas mezcladas con el zumbido del aire acondicionado forman esa sinfonía tibia que conocen bien quienes peregrinan detrás de un turno. Una señora de chalina violeta le cuenta a otra, en voz baja, que hace más de un año viene con una tos que no se va, y que pensó que era la edad. La escena, mínima y doméstica, resume de algún modo lo que los especialistas intentan desarmar con palabras: la costumbre de mirar para otro lado cuando el cuerpo pide pista.

Las señales que no deberían esperar

Porque lo que parece un simple cansancio puede estar diciendo algo más. La falta de aire al subir las escaleras, la tos seca que se instala sin fiebre, esa sensación de que el cuerpo ya no banca lo que bancaba antes: ninguna de esas manifestaciones, por sí sola, confirma una fibrosis pulmonar, pero todas merecen una consulta. Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, lo repite con paciencia de tallerista: no se le puede echar la culpa a la edad. Esta patología, aclara, aparece sobre todo después de los sesenta, pero eso no vuelve normal lo que el cuerpo está contando.

Cuando la dificultad para respirar pega un salto en pocos días o aparece con esfuerzos mínimos, la indicación es concreta: hay que ir a una guardia. El resto de los cuadros admite una espera más razonable, pero igual exige pedir turno. La fibrosis, vale recordarlo, deja cicatrices permanentes en el tejido pulmonar que comprometen la llegada de oxígeno a la sangre, y puede estar atada a enfermedades autoinmunes, a partículas inhaladas en el trabajo o a ciertos medicamentos. Cuando no se encuentra un origen claro, se la llama idiopática, y aun así hay caminos de seguimiento y de tratamiento.

Cómo se llega al diagnóstico

  • Revisión de antecedentes clínicos, exposiciones laborales y medicamentos en uso.
  • Estudios respiratorios funcionales para medir la capacidad pulmonar.
  • Tomografía de alta resolución, clave para ver las cicatrices en el tejido.
  • Auscultación con estetoscopio, donde puede percibirse un sonido particular, parecido al velcro, que el médico sabe interpretar.
  • Análisis específicos según la sospecha de causa autoinmune, ocupacional o farmacológica.

El cuadro tiene, además, un capítulo que suele pasar inadvertido: el de las enfermedades autoinmunes que afectan los pulmones sin avisar. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, lo describe con un ejemplo que le repite a sus colegas en cada ateneo. En esclerosis sistémica, la evaluación pulmonar debe arrancar junto con el diagnóstico, sin esperar a que el paciente se queje. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en quienes reúnen factores de riesgo. Y aquí viene el dato que a mí, confieso, me dejó pensando un buen rato: en una cohorte argentina en la que participó Montoya, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios. Dentro de ese grupo, el 40 por ciento mostraba, en la tomografía, una afectación extensa del tejido. Es decir, cuatro de cada diez con el pulmón comprometido de manera importante estaban ahí, sentados, sintiéndose razonablemente bien.

“La edad no vuelve normal la falta de aire, y los controles no dependen solo de tener tos o sentir que el aire no alcanza.”Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas

Por eso, insisten los dos especialistas, la demora en el diagnóstico, que puede estirarse hasta dos años, no se explica solo por la rareza de la enfermedad sino por la costumbre de normalizar lo que nos pasa. La fibrosis pulmonar se diagnostica mal y tarde cuando la falta de aire se atribuye a los años, cuando la tos se mide en meses sin consultar, o cuando se cree que estar sin síntomas equivale a estar bien. Volviendo a la sala de espera del principio, a esa señora de chalina violeta que tose desde hace un año y sospecha que es la edad: la nota, ojalá, le sirva para pedir un turno esta semana.

EB

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