Dientes que se van, mente que se apaga: lo que un adulto mayor debería saber sobre la boca y el riesgo de demencia
Una revisión de catorce estudios y una guía de Harvard ponen el foco en una relación que suele pasar desapercibida en los consultorios: lo que pasa en la encía puede terminar pasando en la cabeza.
El olor a pasta dental y a café tibio se mezcla en el consultorio mientras María Ester, de setenta y tres años, se acomoda en el sillón y abre la boca sin muchas ganas: hace meses que mastica del lado izquierdo porque del derecho le falta una muela que nunca fue al odontólogo a reponer. Esa escena mínima, repetida en miles de hogares argentinos, es la puerta de entrada a un tema que durante años quedó afuera de los grandes titulares: la salud bucal de los adultos mayores no se reduce a una cuestión estética ni a la dificultad para comer un asado, sino que empieza a aparecer como un factor asociado al deterioro cognitivo y a la demencia, según una revisión de catorce estudios publicada en la revista JAMDA y recogida por la guía de Harvard Health Publishing.
El trabajo, que reunió investigaciones previas sobre adultos mayores, encontró que quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un cincuenta por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y alrededor de un veintiocho por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia, siempre en comparación con aquellos que conservaban la mayor parte de su dentadura. Los autores fueron cuidadosos al explicar que se trata de una asociación estadística y no de una relación de causa y efecto comprobada, y que en ese vínculo entran en juego otros factores: la inflamación prolongada, los hábitos alimentarios, el acceso a la atención odontológica y las enfermedades previas que arrastra cada persona, algo que en la Argentina golpea de lleno a los adultos mayores que dejaron de ir al dentista cuando perdieron la cobertura de la obra social o cuando el bolsillo no les alcanzó para pagar un tratamiento particular.
Encías inflamadas, un problema que va más allá de la boca
La gingivitis, esa inflamación de encías que muchos reconocen porque sangra al cepillarse, aparece en distintos estudios vinculada también con enfermedades del corazón, de los pulmones, obstrucciones en los vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares. Tampoco en estos cuadros se estableció una causalidad directa, pero la asociación es lo suficientemente firme como para que las sociedades médicas internacionales recomienden, cada vez con más énfasis, que los controles odontológicos formen parte del seguimiento habitual de los adultos mayores y no queden librados al azar o a la voluntad del paciente.
Cuando la gingivitis no recibe tratamiento, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen el diente y transformarse en periodontitis, una afección que en etapas avanzadas termina provocando la pérdida de piezas dentales. Y acá aparece un costado que a veces se subestima: la falta de dientes no duele únicamente al comer, sino que también modifica la vida social, porque hay personas que empiezan a evitar conversar, a taparse la boca al reírse o a rechazar invitaciones a cumpleaños y asados por vergüenza con su dentadura, y eso va sumando aislamiento en una etapa de la vida donde la soledad ya pesa de por sí.
- Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando hay bruxismo, ese hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño que muchos desconocen hasta que el odontólogo lo detecta; una férula nocturna puede reducir la presión, aunque siempre hace falta la evaluación profesional para distinguir ese origen de otros que requieren un tratamiento distinto.
- Boca seca: ocurre cuando se produce menos saliva y se vuelve un problema cotidiano porque dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir los sabores de la comida; es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos muy usados por los adultos mayores, como los antidepresivos y los diuréticos, y también aparece asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que comprometen al sistema inmune.
- Pérdida de piezas: además del impacto en la masticación y en la estética, la caída de dientes puede traducirse en cambios en la dieta, porque se tiende a evitar carnes, frutas y verduras crudas, lo que termina afectando el estado nutricional general del adulto mayor.
- Dificultad para hablar: la falta de dientes o el uso de dentaduras mal ajustadas modifica la pronunciación de ciertos sonidos y puede llevar a que la persona se retraiga en las conversaciones cotidianas.
Qué recomienda la guía y por qué importa en la vida diaria
La guía de Harvard Health Publishing, pensada para lectores de habla inglesa pero con recomendaciones aplicables a cualquier sistema de salud, sugiere incorporar a la rutina diaria de los adultos mayores algunos hábitos que parecen elementales pero que muchos abandonan con los años: cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor, limpiar los espacios entre las piezas con hilo dental o cepillos interproximales, controlar la ingesta de alimentos y bebidas azucaradas, beber agua con frecuencia para combatir la boca seca, dejar el cigarrillo si todavía se fuma y, sobre todo, no postergar las visitas al odontólogo ni siquiera cuando ya se usan dentaduras postizas, porque las encías, las mucosas y los huesos de la mandíbula siguen necesitando controles periódicos.
La misma guía recuerda que cualquier cambio importante en la boca, como dolor persistente, sangrado de encías, movilidad en alguna pieza, dificultad para masticar o tragar, aparición de llagas que no cicatrizan en dos semanas o sequedad bucal que interfiere con la vida cotidiana, merece una consulta profesional sin esperar a la próxima visita de rutina. En el caso de María Ester, esa cita que viene postergando desde hace meses terminó agendándose esta semana, después de que su hija le leyera un resumen de la revisión de la JAMDA: volver al sillón, abrir la boca y dejarse revisar no es sólo una cuestión de dientes, es también, según empieza a verse en la literatura científica, una manera de cuidar lo que todavía queda entero arriba, en la cabeza y en la memoria.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Alerta Litoral